por Nicolás Adet Larcher –

Algunos periodistas y medios de comunicación se acostumbraron a hablar a través de otras personas. Personajes funcionales a la trama de cada semana. Con el uso de las comillas, cualquier afirmación se puede convertir en un hecho, confundiendo opinión con información. Si el periodista quiere afirmar algo, busca a alguien que lo diga. Y si esa persona no tiene filtros para expresarse, mejor.

Eso provoca dos cosas: que el periodista no tenga que chequear la información y, en segundo lugar, que la duda quede levitando en las discusiones públicas sin que nadie se haga cargo.

El periodismo argentino tiene algunos referentes como Luis Majul, Alfredo Leuco o Jorge Lanata que contribuyen a enmarañar las discusiones sobre determinados temas: corrupción, violencia institucional, filtraciones de datos, poder judicial, servicios de inteligencia. Cualquier topic puede simplificarse y deformarse. Las entrevistas a personajes que denuncian con el dedo levantado no siempre aportan información, aunque pueden desvirtuar cualquier otro aporte que pueda venir desde otro lugar. El objetivo siempre será sembrar la duda.

Por otro lado, corren otros factores, como la intervención de los servicios de inteligencia en el discurso periodístico. ¿Hasta qué punto la confusión creada desde los medios es guionada por esos servicios? El día en que Natacha Jaitt se sentó en la mesa de Mirtha Legrand para contar que periodistas estaban metidos en medio de una red de pedofilia, las redes ardieron con las menciones a Alejandro Fantino y Carlos Pagni. La periodista Mercedes Ninci, otra de las invitadas a la mesa, esperó a que Jaitt fuera al baño para decirles al resto de los invitados que “detrás de esto están los servicios”.

Las palabras de Jaitt no son confiables, ya que (hasta el momento, al menos) son declaraciones que carecen de pruebas concretas por fuera de sus propias palabras. Sin embargo, su presencia en Mirtha expuso algunas de las internas entre servicios y periodistas que se renuevan año tras año.

En todo caso, lo que hizo Jaitt no está muy lejos de lo que realizó Miriam Quiroga hace unos años cuando falsamente dijo que era la secretaria de Néstor Kirchner. Tampoco está tan lejos de Daniel Santoro publicando la noticia en la tapa del diario Clarín de que Máximo Kirchner y Nilda Garré tenían unas cuentas que nunca existieron en Estados Unidos. La presunción de inocencia apela a una distinta vara que pone el grito en el cielo cuando se patea un lado del tablero.

Un año antes de que Jaitt reconociera haber trabajado para una empresa de espionaje, Pagni denunció la existencia de una unidad de inteligencia ilegal dentro de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y señaló a Daniel Angelici como uno de los hombres que todavía mueve los hilos entre los vestigios de la ex SIDE. Jaitt también había señalado como uno de los miembros de la red de pedofilia al ex legislador porteño, Gustavo Vera, quién fue muy crítico de Jaime Stiuso en algún momento. Pagni da a entender que el tiro puede venir por ahí, del lado de Silvia Majdalani, subdirectora de la AFI, que según algunas fuentes tiene buena relación con Stiuso (aunque ella misma lo negó) y con Paco Larcher.

Vale recordar que Carlos Pagni fue procesado en el año 2012 en la causa por espionaje que investigaba la jueza Sandra Arroyo Salgado y que involucra a nueve personas. Pagni integraba – según el fallo – una red de asociación ilícita que pinchaba mails de referentes de la política y el espectáculo. Dentro de los procesados también se encontraba el ex titular de la SIDE menemista, Juan Bautista “el Tata” Yofre, quién mantenía conversaciones fluidas con Pagni.

En 2016, Pagni, Yofre y el resto de los procesados fueron sobreseídos, aunque luego fue presentado un recurso judicial por el fiscal Javier De Luca y la causa se encuentra en la Corte Suprema de Justicia de la Nación.

En medio de la vorágine destructiva construida desde algunos medios, periodistas y servicios, las balas volvieron y los rozaron. Y ahora sí, están pidiendo cuidado.