Miles de personas se acercaron en las últimas horas de ayer a la sede del sindicato de los metalúrgicos en la ciudad de San Bernardo, en la periferia de San Pablo, para acompañar al ex presidente Lula Da Silva, luego de que el juez Sergio Moro, obsesionado con meterlo preso, liberara una orden de 24 horas de plazo para detenerlo. Durante la jornada de hoy Lula sería encarcelado y el hecho marcaría el fin de las libertades democráticas en el país más grande y poderoso de Latinoamérica: los líderes populares vuelven a sufrir cárcel, como en las dictaduras.

El juez ni siquiera aguardó los plazos legales de agotamiento de los recursos de apelación de la segunda instancia (que vencían el 10 de este mes) y determinó que esta misma tarde debe entregarse o será arrestado por la fuerza. La decisión judicial tiene el respaldo del STF (Superior Tribunal Federal, que equivale a la Corte Suprema argentina), los medios concentrados de comunicación con la cadena Globo en primer lugar, el gobierno interino del neoliberal de Michel Temer y hasta del Ejército brasileño.

Si bien hubo fuerte crítica de los juristas más respetados de Brasil, y hasta de periodistas y políticos de la oposición por la velocidad de la resolución de Moro, la prisión para Lula es inminente y las manifestaciones de anoche expresaron la resistencia de algunos sectores de la sociedad.

En la cúspide del PT (Partido de los Trabajadores) se discutía el procedimiento más conveniente para hoy. Las personas en las calles convocaron a una vigilia y aseguraron que por Lula “vale la pena la lucha”. Existe un cierto temor a que, con el objetivo de cumplimentar la orden de arresto, las fuerzas de seguridad arrasen con todo a su paso y generen un caos difícil de controlar, y eventualmente una masacre contra la población que reclama por la continuidad democrática.

“Si quieren a Lula tendrán que atravesar esta marea de gente”, rezaba un seguidor del líder del PT en la puerta del sindicato durante la noche de ayer. El clima es tenso en Brasil. A pocos kilómetros, donde la gente salía a las calles para defender a quien supo ser el mejor presidente de la historia del país, se produjeron estallidos de fuegos de artificio por parte de los sectores más ricos de la sociedad, que festejaban la casi segura detención del líder popular.

Según las últimas versiones, quien fuera presidente de la Nación entre 2003 y 2011, y que luego respaldara a su compañera de espacio político y ex ministro de su gabinete Dilma Rousseff, esperaría hoy en la sede de los metalúrgicos, acompañado de la multitud que pretende protegerlo de la embestida política, mediática, militar y judicial, en un país que enfrenta el momento más duro y difícil desde que comenzó la transición a la democracia en 1985.

Solidaridad sindical y de líderes latinoamericanos

Además del apoyo espontáneo de miles de personas, los líderes de las cinco centrales sindicales -Fuerza Sindical, CTB, UGT, NCST y CSB- emitieron un comunicado conjunto donde expresan su solidaridad con el ex jefe del Estado. “Consideramos que la decisión de su prisión es una medida radical que pone a la sociedad en alerta”, dice el texto. “La injusta condena y prisión del ex presidente Lula alimentan la división del país y lo sumergen en la inseguridad, lo que no colabora para la superación de la grave crisis social, política y económica a la que estamos sometidos”, afirman los gremialistas.

Algunos sindicatos comenzaron a tomar decisiones más drásticas, como la Federación Única de los Petroleros (FUP), que convocó a un conjunto de asambleas en todo el territorio para deliberar sobre la posibilidad de una paralización nacional contra la prisión política del ex presidente Lula. El coordinador de esa organización afirmó que “la gravedad del momento exige decisiones duras, por eso estamos orientando a todos los petroleros y petroleras y direcciones sindicales a estar temprano en las unidades realizando asambleas para deliberar sobre una posible paralización, si viene a curso la prisión del ex presidente Lula”.

En tanto, los demás líderes populares latinoamericanos, varios de ellos atravesando por situaciones similares de persecución judicial, se solidarizaron con Lula. El ecuatoriano Rafael Correa sostuvo que “todos sabemos que su ‘crimen’ es haber sacado 38 millones de brasileños de la pobreza, sin someterse a las elites brasileñas. Todo es cuestión de tiempo, el poder popular volverá con la fuerza de un huracán”.

Cristina Kirchner también manifestó que “Lula va a ganar las próximas elecciones, y las elites del poder, a las que no les interesa ni la justicia ni la democracia, utilizan el aparato judicial para su proscripción”

En el mismo sentido, el presidente de Bolivia, Evo Morales, sostuvo que “a la oligarquía no le interesa ni la democracia ni la justicia, la verdadera razón de la condena a Lula es impedir que vuelva a la presidencia. La derecha, jamás le perdonará haber sacado de la miseria a más de 30 millones de pobres”.

En Venezuela, Chile y Argentina, organizaciones sociales convocaron a marchar hoy a las 17 horas a las embajadas de Brasil en cada ciudad capital, en respaldo a Lula y en protesta a la persecución política que el líder brasileño sufre, fundamentalmente desde que todas las encuestas confirmaron que es favorito para ganar las encuestas presidenciales de este año.

Fuente: Va Con Firma