Quien entienda algo de política sabe que hay que tener en cuenta esa familia, dueña de un espacio político propio, construido desde la gestión de una ciudad en la que cumplió dos mandatos Ramón, para dejarle la posta a José y transformarse en parlamentario del Mercosur, de la mano, entonces, del kirchnerismo.

Ramón y José tienen financiamiento propio para hacer política con la gestión de una ciudad que a mediados de los ’90 del siglo pasado parecía condenada a la extinción irremediable, y que resurgió después de una pueblada que los contó como piqueteros encendiendo la llama de la rebelión. Fueron, paradójicamente, Carlos Menem y Domingo Cavallo, paradigmas entonces del neoliberalismo que siempre condenaron, los que tuvieron que conceder un yacimiento gasífero, El Mangrullo.

Ese yacimiento, renovada ahora la concesión por 35 años más, e incursionando en el No Convencional, alimenta al ENIM, un ente intermunicipal que comparten Cutral Co y Huincul. Generosas regalías directas que se agregan a la coparticipación y a la recaudación propia. Hay plata para sostener un municipio en funcionamiento razonable, y además, para financiar la política siguiendo el más estricto manual neuquino, que es gestionar el Estado para reproducir modelos perdurables, más allá de los partidos políticos de que se trate.

Los hermanos tienen, obviamente, su propio modelo pragmático. Por eso, coquetean tanto con el MPN y el PJ como con Cambiemos, sin variar un discurso con independencia ideológica de ambos extremos.

En el segundo semestre que ya ha empezado, estos hermanos serán clave.

Fuente y foto: Diariamente Neuquen