por Fernando Barraza –

Quien haya visto la obra de títeres “Vairoleto, pechito libertario”, puesta en escena por el grupo La Pelela de San Martín de los Andes y dirigida por el maestro Carlos Piñero, sabrá comprender el entusiasmo que genera querer saber más sobre el “cómo, el cuándo y el por qué” en la construcción de una obra que apasionó al público de la región en cada presentación, que tuvo su momento de brillo en una gira latinoamericana por diversos países de la patria grande, que se llevó el primer puesto en la Fiesta Provincial de Teatro neuquina y que representó a la provincia en el encuentro nacional de teatro de este año en Rosario. Allí, frente a las obras más importantes del teatro del país, el “Vairoleto” de La Pelela la volvió “a romper toda”, impactando fuertemente al público y a la crítica que, como en el caso del artículo “ Un seleccionado teatral nacional se reunió en Rosario” de Mónica Berman para La Nación, se deshizo en alabanzas para con la obra y le dedicó el párrafo más emotivo de la cobertura del festival apuntando con entusiasmo:

El modo en el que festejó el público la presentación de Vairoleto, pechito libertario, bellísima obra de Rafael Urretabizkaya, por el grupo La Pelela Títeres (Neuquén), permite confirmar que los espectadores no son prejuiciosos a priori y disfrutan con placer de las cosas que realmente están bien hechas; calidad en los títeres, en la manipulación y en la actuación del titiritero Daniel Aguirre, con unos músicos excelentes como Andrés Durán y Santiago Aguirre, con la dirección de un maestro como Carlos Piñero. Para colmo, títeres de guante. Una fiesta de la belleza y la poesía. Sí, también de lo popular y de la sensibilidad social”.

Está claro que la obra: épica, bella, profunda y divertida, tocó el nervio sensible de la gente y mucho que ver tiene –cómo no- la sensibilidad social y poética de quien escribió cada renglón de la dramaturgia de estos personajes desopilantes y llegadores, algunos desde lo entrañable, otros desde lo contrario.

El nombre del dramaturgo en cuestión es Rafael Urretabizkaya, un escritor y maestro rural nacido en la pequeña ciudad bonaerense de Dolores, que vivió dando clases en varios de los parajes cordilleranos más hermosos de la provincia de Neuquén durante décadas, que militó activamente en diferentes áreas de la sociedad sur-cordillerana, que, como director de escuela, organizó en el popular barrio El Arenal de San Martín de los Andes verdaderos hitos culturales, ya señalados como clásicos de la cultura sanmartinense, como la puesta en escena de la ópera “Pedro y el Lobo” de Serguei Prokofiev, haciendo trabajar a la comunidad escolar toda junto a orquestas populares de la localidad, escuelas de circo y artistas plásticos de diferentes generaciones.

Rafael siempre fue un picante, un tipo que pareciera no poder conformarse con la quietud. Sus libros de poemas, cuentos y novelas circulan con asiduidad y mucha fluidez por el corredor literario patagónico de ambos lados de la cordillera; tienen una excelente llegada a las aulas, una buena acogida por parte de los lectores y un permanente guiño de aprobación de sus pares y de los especialistas. Con este palmarés a cuesta, el Rafa (como lo conocen todos) podría ser uno de los tantos escritores presuntuosos que pueblan algunas geografías provinciales más, por lo contrario, es muy difícil sacarlo del lugar de sencillez total en la que él habita y al que te lleva –en un triunfo amplio de su propio estilo de entender la vida- cada vez que te sentás a hablar con él.

Hijo de titiritero, desde hace algunos años ha comenzado a escribir obras teatrales para títeres. La primera fue “Elqui Jote Delamancha”, que giró por todo el continente en la magistral manipulación del maestro Daniel Aguirre, su vecino en el barrio Ruca Hue de San Martín de los Andes, la segunda fue “Vairoleto, pechito libertario” y la tercera es la aún inédita “De gauchos y piratas”. En medio, dos trabajos literarios suyos fueron adaptados para teatro y también escribió –en coautoría- la obra de teatro breve “Alicia”, en homenaje a Alicia Pifarré, participante del concurso 2016 de Teatro x La Identidad.

Va Con Firma entrevistó a Urretabizkaya para conocer la madera de este maestro-poeta-dramaturgo y, de paso, alcanzamos a preguntarle algunos de sus planes próximos en años tan agitados.

Esta es la entrevista. Pasen y lean:

¿Cuándo fue la primera vez que consideró escribir para teatro?

-Con toda premeditación fue para teatro de títeres. Lo digo de este modo porque hubo otras dos veces (sin premeditación) en las que una novela y un poema míos se convirtieron en obras de teatro. Pasó con el poema “Grillos”, que lo estaba leyendo en la feria del Libro de Valdivia y al concluir se me acercan integrantes de la “Compañía de Teatro de la Lluvia” de esa localidad y me proponen hacer la obra de teatro; cosa que por supuesto acepté y ellos hicieron. Estrenaron la pieza hace unos años y representó a Valdivia en Feria del Libro de Santiago. Por otro lado, “La apasionante historia de Pedro Seguel como nunca antes nadie se atrevió a contar”, tuvo una adaptación teatral que preparaba Horacio Arévalo. Casi al momento del estreno ocurre su muerte. El año pasado el actor Leonardo Maresca retomó este proyecto, está cerca de comenzar con los ensayos y hasta aquí sobreviviendo. La primera, entonces, fue “Elqui Jote Delamancha”, una versión libertina del célebre libro estrenada hace unos seis años por la compañía La Pelela, que pegó larguísima gira por Argentina y por toda América.

Debe tener su teoría personal sobre el porqué del éxito tan sonado del Vairoleto, explíquela, por favor: ¿qué tiene el texto y qué tiene la puesta para que la gente delire como delira cada vez que la ve?

-Dani (Aguirre) es tremendo titiritero pero en esta obra también es “Dani el nieto” y también actúa, Chiro y Santi son esos grandes músicos que también se meten con los muñecos, actúan, ayudan a que la injusticia recule. Y el director Carlitos Piñero, que es un capo, un director que pudo ver, y soñar y hacer esta puesta con una cabeza libertaria e insolente, como el viento de Colonia Castex. Los títeres en general y Vairoleto o Quijote y tantos otros en particular, nos plantean la urgencia de que ganen los buenos. Vairoleto es el héroe criollo “que al pueblo dio respeto y ahora el pueblo protege”. Para poder darnos de lo mucho que tiene, viene con un malo de su estatura. También está el milico Farrache, pero ese es un partener de la maldad, una calle lateral de las pillerías, un triste alcahuete del patrón. El Maldadoso Banquero Manganaro, ese sí es un tipo despreciable, insaciable. Vairoleto lo emboca y la identificación viene por ahí, de nuestras ganas como pueblo de salir campeones, es decir: que no falte olla, ni techo, ni abrigo, ni fiesta, que todos tengan, que los malos la caguen. Las veces que pude acompañar la obra durante su gira, me di cuenta de la polenta del mito. Observás, cuando concluyen las funciones, esos aplausos y a los y las que quedan relojeando, con ganas de contarte algo más. La gente se acerca y no te dice: “creo que mi abuelo conoció a Vairoleto”; te dicen: “mi abuelo le prestó un caballo para que escape” o “a mi abuela Vairoleto le pagó una deuda que tenía con el bolichero” y así. Todos los casos son ciertos. Vairoleto estuvo en todos lados, al mismo tiempo, todo lo que haga falta, porque “la injusticia cansa”.

¿Puede ser que en años neoliberales se escriba distinto cuando uno escribe teatro?

-Estuvimos con Tata Cedrón la semana pasada compartiendo un “Puchero Misterioso”, la aventura además del espectáculo en el Teatro del Pueblo, que fue precioso, incluyó tres días arriba y abajo como el huevo del rengo Inostroza en el colectivo de La Musaranga y con toda la gente. Tata no se cansó de citar a Tuñón diciendo algo como que el caudal imaginativo es tan importante, pero que tiene que tener que ver con la realidad, que tiene mucha poesía la realidad. Estos gobiernos neoliberales están maltratando a destajo al pueblo. Nos están cascoteando mientras dicen que nos están haciendo mimos. Son sádicos. Esto debe estar en la literatura también. La realidad. Si lo que pasa es cosa de la tele o de quien grita más fuerte, es una causa perdida. Escribir es escuchar nos dice Walsh. Escuchar la calle, al panadero que no le da con lo que subió la bolsa de harina, escuchar los pañuelos verdes, las vecinas, los amigos, también escribir con el más íntimo escucharse. Esto viene al final. A mí me embolan un poco los escritores que hablan y escriben como si fueran los únicos que les ha pasado una cosa en la vida… ¡Aflojá! (risas)

Menciónenos tres temas que aún no pudo escribir y que tendría ganas de hacer para teatro

-Temas son pocos, viste. El amor y el odio (misma ficha), la esperanza…, la. Che, que pocos temas. Me gustaría escribir algo con unos tremendos tipos de mierda, inescrupulosos, soretes y que tengan doble vida de buenos. Tema entonces, ponele: “el odio”.

Cuéntenos su próxima obra para teatro (la que ya podría estar trabajando) y una próxima suya que los teatreros vayan a poner en escena

-Hice hace poco una para títeres de gauchos y piratas, una muchacha y una presentadora. Ya le está sacando las cosquillas una titiritera genial que es la Chinita Mugueta. Tuvimos una lectura de la pieza con Daniel Di Mauro, un maestro titiritero que vino al festival de San Martín, tenemos que retomar desde ahí. El gaucho y el pirata se disputan el amor de la muchacha, cada uno plantado en su machirulez. Y la muchacha se queda con… ¡la presentadora! También estoy participando en una obra con mi hijo Francisco y su grupo. Ellos están en La Plata. Francisco es actor. Para esa obra estoy escribiendo unas sesiones de sicólogo entre el protagonista y la doctora que es el público, y viceversa. Es sobre un científico inescrupuloso, bueno, tipo los que te describía más arriba.

Si tuviera que escribir una obra con los siguientes personajes en escena: Macri, el Gauchito Gil y Cristina: ¿cómo sería?

-Gil, decide abandonar la estatuita de yeso de la curva que lo tiene comprimido y sale caminando, un poco contracturado, al encuentro de Cristina (un amor de otra década). Cristina lo ve llegar caminado tan duro que cree que es la momia y se pregunta: ¿no era momia blanca o momia negra, qué hace esta momia roja? Llega Mauricio que lo confunde también con la momia y no duda en escandalizar al pueblo con que anda una Momia Roja Comunista que nos quiere convertir en Venezuela. Cristina y Gil se calientan y lo fajan. Y como si fuera poco importan de Venezuela un luchador que, disfrazado de Franco de Vita, canta hasta despetrificar al oponente. Aprendemos los argentinos a bailar merengue, casi todos. Macri no. Final feliz.

Rafael, ¿por qué hay que creer en los títeres?

-Cuando vayas de vuelta a ver títeres buscales la mirada. De papel maché. Ahí está la respuesta.

De postre, queridos lectores y lectoras, les dejamos “Vairoletto, pechito libertario” completa para que puedan verla quienes no la hayan podido ver en vivo. Esta es una versión del año 2016 que, según el maestro Daniel Aguirre: “ya fue superada mil doscientas treinta y cuatro veces con el trabajo que le metimos en escena”. De todas maneras, nos parece una muy bella versión:

Fuente y foto: Va Con Firma