El flamante vencedor de las presidenciales colombianas ha crecido políticamente bajo la luz benefactora del expresidente Álvaro Uribe, aunque procede de una familia donde no han faltado gobernadores ni ministros. A los 42 años, Duque no solo puede decir misión cumplida de cara a sus antecesores. A los 42 años se ha convertido en el presidente electo más joven de la historia colombiana.

Alguna vez le gustó mucho el fútbol y cuentan quienes lo conocen que llegó a soñar despierto con un estadio coreando su nombre victorioso. Los triunfos vendrían por otro lado. Se graduó como abogado con especialización en economía. A los 25 años empezó a escalar posiciones en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). La rutina en Washington tenía un límite a pesar de trabajar bajo la protección del también colombiano Luis Alberto Moreno. El primero en fijarse en él fue Juan Manuel Santos. El actual presidente le ofreció la secretaría Económica de su Gobierno. Pero sería Álvaro Uribe, hacedor de la llegada de Santos al poder y luego su enemigo declarado, quien puso mayor empeño en atraer a Duque hacia la derecha.

Escaño en el Senado

En 2010, Uribe participó de una comisión internacional creada por el entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para investigar el ataque de Israel a una flota de barcos que llevaba ayuda humanitaria a la Franja de Gaza. El expresidente necesitaba alguien que lo asistiera. Le dieron el nombre de Duque. Si al final se decidió por él fue por su estirpe, una familia muy ligada a la política, tanto en el bando de los conservadores y como de los liberales, y que nunca fue cuestionada su transparencia. Las ambiciones del exfuncionario del BID iban más allá de un lugar de consultor. En 2013, cuando Uribe creó su partido Centro Democrático para agriarle el presente político a Santos, no dudó en llamar a Duque. Así llegó a ocupar un escaño en el Senado. El resto ya forma parte de la historia que lo condujo a la cumbre. En su camino al palacio Nariño ha cambiado algo su fisonomía juvenil: se ha encanecido.

Los medios suelen destacar su honestidad y mesura. El diario ‘El Espector’ asegura que se trata de un “fenómeno político moderno en Colombia, sólo comparable con Macron en Francia o Trudeau en Canadá”. No faltan quienes ven al mandatario electo como un mero títere de su mentor. Piensan que será un instrumento de Uribe para deshacer los acuerdos de paz con las FARC y ejecutar una sorda venganza contra Santos y quienes lo traicionaron cuando se dividieron las aguas entre ellos. Abundan también los que predicen lo contrario. Señalan que Duque no es un pelele y que a Uribe le ocurrirá con Duque lo que ya le sucedió con Santos. Auguran que, de cumplirse esa profecía, el respaldo del gran referente de la derecha se transformará más temprano que tarde en despecho.

Política económica liberal

Por lo pronto, Duque tiene su propio programa de Gobierno. Como buen liberal en economía, cree que si se reducen los impuestos a las empresas eso redundará en mayor empleo. Ha prometido además instaurar la cadena perpetua para violadores y asesinos de menores, reducir las altas cortes a un gran tribunal, reformar el Congreso, modificar el acuerdo de paz en cuestiones relacionadas con la justicia transicional, dotar a su Gobierno de una política eficaz contra el narcotráfico, promover cambios en la educación pública y en la matriz energética de Colombia. Un plan ambicioso para un político que no resigna a las comparaciones futbolísticas: quiere ser a la política de su país lo que James Rodríguez al fútbol.