por Rodolfo “Toto” Manson-

El Jardín 24 suspendió las clases. El de El Arenal, el Francisco “Chacho” Rossi.

Pasa que de nuevo no funciona la caldera. Y eso que las directoras guardaron los repuestos viejos.

Y que la gente de mantenimiento pasa. Y se comunica el feriado. Pero la caldera funciona una hora y se corta. Y el jardín se enfría. Y tiene que  estar calentito.

Las maestras y los profes nos cuentan que hicieron rotaciones. Y que priorizaron que se sirva la leche. Un día sí, un día no. Hoy este grupo, mañana aquél. Pero no dio para más.

El Jardín estaba frío.

Y pasa que el Jardín tiene que estar calentito. Como un abrazo.

Porque el Jardín es un abrazo. El lugar y el momento donde y cuando vamos dejando a nuestros hijos, a nuestras hijas. A Manuel y a Celina. Cuando empiezan a salir del calor de la casa.

Y cuando se quedan, muy de a poco. Con su primera angustia. A veces con su llantito.

Y en ese abrazo hecho Seño, hecho Profe, hecho compañeritos, se van largando de a poco.

Y se van haciendo canciones, se van haciendo colores, y tijeras, y papel, y obra, y canción, y primeras letras, y juegos, y ronda, y cumpleaños. Y Bandera.

Y esa angustia se va volviendo sonrisa grande, de dientes de leche, sin paletas, con ventanitas. Y ojos grandotes. Y orejas bien abiertas. Y sueño a la mañana. Y alegría al entrar. Y sobre todo a la salida.

El Jardín es todo eso. Pero hace frío. Y está cerrado.

Y hay que arreglarlo. El que tenga que hacerlo. Que se haga cargo.

Porque el Jardín, como los abrazos, tiene que estar bien calentito.

Sobre todo en estos días. En este tiempo de frío.

 

Foto: Archivo