por Rocco Carbone* –

A mafia è na leggi criminali / chi ti lassa finu a chi voli. / Ma si tu la vai a stuzzicari / allura è lu momentu ca si movi.
La mafia es una ley criminal / que te deja en paz hasta que quiere. / Pero si la molestás / empieza a moverse (en contra tuyo).
Il canto di malavita. La musica della mafia

 

No busco probar que tal o cual personaje esté ritualmente afiliado a una cosca (esta palabra tiene un sentido muy parecido a la “mazorca” rosista) o a una ‘ndrina (familia natural: estructura básica de la ‘Ndrangheta) sino reflexionar sobre ciertas lógicas de la política argentina actual. Lógicas manifiestas y descarnadas, que es preciso nombrar con propiedad pues tienen su historia, sus tradiciones, sus códigos y su proveniencia.

Al comienzo la ‘Ndrangheta era una organización ligada a la propiedad de la tierra y a sus productos: aceitunas, aceite, granos, uvas y vinos, y algunas cosas más. La acumulación de capital de los mafiosos calabreses se originaba en el trabajo de la tierra. Y desde allí, la tierra, el territorio, tuvo que ver con todos los ámbitos de la historia nacional, con todos sus poderes consolidados.

 

Uno: la historia de la Ndrangheta, y de las mafias en general, está vinculada con la historia de la Iglesia Católica. Sobre todo, con la historia de silencio de la Iglesia que en Italia duró más de un siglo. Recién en la década de 1970 la Iglesia italiana tomó una posición pública respecto de las mafias. Ese silencio se debe a varios factores: el miedo, sin duda; la impotencia de actuar territorialmente frente a los poderes mafiosos; la complicidad; y muy a menudo, una cultura y valores comunes. En términos generales se puede decir que hay una afinidad entre la cultura mafiosa y la cultura de la Iglesia especialmente en el Sur de Italia (sobre este aspecto hay un trabajo muy preciso de Isaia Sales, “Chiesa e mafia”. En: Ciconte, Forgione, Sales, Atlante delle mafie. Storia, economía, società, cultura, Rubbettino, 2012, pp. 211-242).

 

Dos. El nexo entreNdrangheta e Iglesia tiene además otras hebras. La Democracia Cristiana –partido que expresaba políticamente la unidad de los católicos– y el anticomunismo. De hecho, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial los Aliados desembarcaron en Sicilia (1943). Desde entonces y hasta 1989, con la caída del muro de Berlín, las mafias italianas y sus reverberaciones internacionales, hicieron propios dos articuladores político-ideológicos: el atlantismo y, correlativa e inversamente, el anticomunismo. Esa elección, tanto a nivel nacional como internacional, le otorgó a las distintas organizaciones –pero tal vez sobre todo a la Cosa nostra siciliana y a su refracción en Estados Unidos– una identidad política reconocida por el Estado, distintos tipos de tolerancia y hasta cierta reconocida utilidad para combatir el comunismo en territorios muy concretos: Calabria fue uno de ellos. A esa ubicación de la mafia también la Iglesia italiana le otorgó valor puesto que ésta funcionó siempre como una suerte de vanguardia respecto del “peligro comunista”. De ahí desciende la caracterización (por lo menos de una parte conspicua de la Iglesia italiana) de que la mafia no era –ni es– el enemigo. Pruebas al canto.

 

El centro nuclear de refracción de la Ndrangheta es la provincia más sureña de Calabria: Reggio Calabria (Rìggiu en dialecto). Ahí mismo, en las montañas del Aspromonte, está el Santuario della Madonna di Polsi. Una iglesia. Situada en un lugar de acceso muy dificultoso. La carretera que lleva hasta a ella sólo puede recorrerse en una dirección. Necesariamente, dado un cónclave cualquiera, todos los asistentes deben llegar juntos y retirarse de la misma manera. Sobre el Aspromonte y sus condiciones culturales (en sentido amplio), hay una novela que no tiene desperdicio: Gente di Aspromonte de Corrado Alvaro. Pues bien, los primeros días de setiembre en el Santuario della Madonna di Polsi se lleva a cabo la fiesta anual de Madonna della Montagna. Esa iglesia es la histórica “sede social” de la Ndrangheta. Ahí mismo, mientras afuera se baila la tarantella, una expresión popular que los Carabinieri miran con interés antropológico, se toman las decisiones principales de la organización y las decisiones estratégicas para Calabria y el mundo. Afuera el baile: https://www.youtube.com/watch?v=xmTzyUGrBEY. Y enfrente a la estatua de la Madonna i santistii capobastonei mammasantissima, i ‘ndranghetisti parloteando: https://www.youtube.com/watch?v=A79oXiOt5WI.

 

Las dos escenas son concomitantes y públicas pero una de ellas pasa desapercibida. Los Carabinieri están entretenidos en los trabajos de campo de la cultura popular. Nun sientu, nun vidu, nun parru: no escucho, no veo, no hablo. Son tres preceptos centrales de la ‘Ndrangheta, en Calabria y en el resto del mundo. Se trata del régimen de silencio y lealtad conocido como omertà (del dialecto umirtà: humildad; y eventualmente, de Homero: un poeta ciego). El ‘ndranghetista se mimetiza en el mundo en el que vive. Nunca ostenta su pertenencia a una ‘ndrina, porque quien necesita identificar su statussiempre sabe reconocerlo y ubicarlo. Con esto quiero decir que se trata de una mafia silenciosa y la primera globalizada. Para describirla con la rapidez de una ventisca podemos apelar a la categoría de colonización, dada su ramificación a escala mundial. Tiene ‘ndrine de Australia a la Argentina, de Islandia a Sud África. Estamos hablando no del crimen organizado sino del gran crimen organizado. La ‘Ndrangheta es la organización criminal italiana más potente, no sólo por el volumen de negocios y dinero que mueve, sino por sus capacidades de modernizarse sin renunciar a una superestructura cultural antigua que descansa sobre la famiglia.

 

En sus inicios, a fines de 1800, la ‘Ndrangheta era una organización ligada a la propiedad de la tierra. En un segundo momento, relacionado con el proceso de urbanización de la región, se dio un encuentro con la política y empezó a especializarse en la obra pública, la edilicia y la infraestructura. La ‘Ndrangheta empezó a codearse con administradores, hombres de la política y de gobierno. En apenas dos generaciones dejó de ser una organización regional y rural para transformarse en otra, integrada por modernos empresarios, cosmopolitas y refinados, con doctorados de universidades muchas veces privadas, capaces de expresarse y hacer negocios en varias lenguas.

 

La mafia es indudablemente un fenómeno económico y social; pero es también un fenómeno cultural, una mentalidad, una cultura que se expresa en valores personales y colectivos, un modo de pensar y de ser que se ha sedimentado en la sociedad (meridional) italiana y en otras sociedades lejanas del Sur de Italia gracias a la migración. La migración ha creado un terreno fértil para las mafias, pues a las organizaciones les brindaba dos cosas a las cuales siempre habían aspirado en sus lugares de proveniencia: opacidad y anonimato. Esto es: empezar una nueva historia, paradójicamente, sin pasado. A través de las distintas olas migratorias italianas –en sus líneas mayores: 1880-1914, 1919-1940, 1945-1950– las organizaciones mafiosas italianas se expandieron a nivel mundial y empezaron a tener proyección global. Por ejemplo, en Buenos Aires se registran actividades y bases logísticas de las ‘ndrine de los Piromalli de Gioia Tauro, Jerinó y Mazzaferro de Gioiosa Jonica, Morabito de Africo (hay un interesantísimo trabajo que muestra las concentraciones de las famiglie en el mundo por medio de mapas: Francesco Forgione, “L’altra faccia della globalizzazione, Atlante delle mafie. Storia, economía, società, cultura, pp. 59-114).

 

Los negocios de las organizaciones mafiosas se concentraron al principio en los mercados ilegales relacionados con la prohibición del alcohol (sobre todo en los Estados Unidos: de ahí que se creara la Cosa nostra americana representada en Il padrino), el contrabando de cigarrillos y el tráfico internacional de drogas; pero también en actividades legales relacionadas con la actividad gastronómica, excelentes pantallas para lavar dinero. Progresivamente, ampliaron su espectro de influencias, y además del tráfico de estupefacientes (nunca declinado), empezaron a operar en el ámbito del deporte (especialmente el fútbol: sobre este punto diré algunas cosas más adelante), de los mercados, de las estructuras políticos-institucionales (partidos, instituciones locales, administración pública), en el ámbito de la sociedad civil. Luego, con la globalización, en el ámbito financiero –con flujos de capitales hacia los paraísos fiscales.

 

Calabria es el territorio ancestral de la ‘Ndrangheta. De ahí se refractó –y continúa haciéndolo– hacia el mundo. Desde sus orígenes hasta hoy. Y hoy es el “espacio ecológico” necesario que legitima la organización y que le permite llevar adelante negocios de intercambio en los mercados globales. Es una suerte de territorio liberado, una zona franca, una suerte de paraíso fiscal a disposición del mercado global mafioso y también un lugar adonde ir a aprender nuevas formas de negocios. La energía eólica por ejemplo. Calabria es un gran parque eólico y ahora en la Argentina se quiere implementar algo parecido que además no cuenta con ningún marco regulatorio. En este sentido, ¿es casual que en febrero de 2017 en el puerto calabrés de Gioia Tauro hayan desembarcado 55 kilos de cocaína procedente de la Argentina (envasada en limones de procedencia nacional), por un valor estimado de 11 millones de euros (unos 200 millones de pesos)? Y en este contexto vale otra pregunta, ¿qué fue a hacer a Calabria el actual Presidente argentino (junto con una representación familiar: su esposa y el intendente de Vicente López: Jorge Macri) en octubre de 2014?

 

Son preguntas retóricas, sin respuestas. Pero, si buceamos con cierto detenimiento en algunos mecanismos (propios de la ‘Ndrangheta) activos en la vida colectiva argentina, podemos identificar ciertas lógicas. Propongo cuatro: el fútbol como herramienta pre-política, la ideología de la violencia (más capitalismo y patriarcado), la lógica familiar y –oh, paradoja–, la pesada herencia.

 

  1. Fútbol. Uno de los ámbitos de los negocios mafiosos es el fútbol. Se trata de una actividad económica que representa un canal cómodo para lavar dinero e inyectarlo en la economía legal que permite también, y sobre todo, crear una imagen pública reconocible, con consenso popular y con prestigio social por el interés masivo que tiene ese deporte. Lxs hinchas, por más que se caiga de maduro, son ciudadanxs que votan. Y el consenso social, con leves mediaciones –un Partido, no de fútbol, precisamente– se torna consenso político. El fútbol entonces permite solapar una imagen crítica preexistente y reponerla con otra, más glamorosa, del empresario exitoso y hasta del benefactor. Pero también permite activar otra dimensión: las relaciones. Relaciones prestigiosas: con políticos, empresarios, banqueros, profesionales, etc. Entonces, el fútbol pasa a ser una herramienta poderosa de agregación y de integración social, de construcción de sentido de pertenencia y de identidad relacionada con un territorio y con una nación. Por otra parte: supone menos violencia y más negocios. Los capitales invertidos se multiplican de la misma manera respecto de otras actividades criminales clásicas, como el tráfico de droga; y de modo menos peligroso, lo cual implica menos riesgos. Dicho de otro modo: tiene reglas más permisivas y controles menos estrictos, por ende es más difícil perseguir los ilícitos. Y si se elige bien el cuadro hasta puede poner en diálogo distintas tradiciones culturales. La inmigración italiana y la vertiente nacional y popular. Esto en dialecto genovés se dice xeneixe.

 

  1. Ideología de la violencia. Para las mafias la violencia es un factor ordenador. Un factor de regulación social. Pero es también el elemento central sobre el cual se monta su ideología. Según ésta, no todos son iguales. Están los que son capaces de ejercer, de dominar, de refinar la violencia y convertirla en un método confiable de poder. Estos integran una élite interclasista. Más allá de los límites de esa élite se encuentran los débiles. En este sistema ideológico, apropiarse de los bienes ajenos o de bienes públicos no es un crimen. El homicidio mafioso (vendetta) deja de ser un delito. Se transforma en la aplicación de una pena para volver a un orden momentáneamente perdido. Se mata a quien comete un error o una infamia (sgarro). La violencia mafiosa articula un equilibrio finísimo entre la violencia en potencia (la amenaza) y la violencia descarnada, en acto. El rol que tiene el mafioso en el mundo depende del uso (posible: amenazador) de la violencia. En la Argentina actual es imposible no reconocer semejanzas con esta racionalidad de la violencia en la teoría del Estado de la Alianza Cambiemos. La política del Ministerio de (in)Seguridad presenta por lo menos tres grados crecientes y progresivos: amenaza, violencia, represión. Bajo ese signo, el gobierno se define como un modelo exitoso de violencia. El Ministerio de (in)Seguridad nos ha acostumbrado a un equilibrio finísimo que se balancea entre la violencia en potencia, es decir, la amenaza, y la violencia en acto, los golpes y los palos (que vimos en acción en la Plaza o por las redes, cuando se discutió la Reforma previsional) y la represión sin mediaciones (Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Milagro Sala). El contrafrente de esta articulación se especifica en ese acto que concentra la recepción –con honores– en Casa Rosada de Luis Chocobar, el policía que mató a Pablo Kukoc, un joven de 18 años, que le intentó robar una cámara a un turista estadounidense. En última instancia, Chocobar lo mató en defensa de la propiedad privada. Esa propiedad, piedra angular del capitalismo, que es más importante que una vida. Es la “lógica del banco”: el FMI arriba y en el índex, el pueblo argentino. Y la ‘Ndrangheta –en tanto organización ligada en sus inicios a la propiedad de la tierra, que le sirvió como acumulación originaria, y cuyo capital ahora se acumula y valoriza de forma “moderna” y diversificada– tiene nexos explícitos con ese sistema socio-económico. Por cierto, también, con el patriarcado. La definición del clan como familia le otorga al boss, aunque sea implícitamente, el rol del pater familias. Todos los afiliados de la familia (uomini d’onore) son hijos del capobastone (boss mafioso). De esto desciende que la ‘Ndrangheta (como el resto de las mafias) tiene un potente componente machista que implica la subordinación del género femenino.

 

  1. Famiglia. La ‘Ndrangheta descansa sobre la estructura familiar. Su estructura organizativa se funda sobre la ‘ndrina: la familia natural, que luego se amplía hacia otra familia: la mafiosa. Se trata de una asociación secreta que cruza una red de parentesco extremadamente densa con intereses políticos. Los matrimonios entre famiglie di ‘ndrangheta son principalmente instrumentos de alianzas entre clanes. La racionalidad familiar constituye un emergente más que visible en la teoría del Estado de la Alianza Cambiemos. La designación en el Gobierno de empresarios en áreas especializadas del Estado revela un reclutamiento de funcionarios entre amigos y familiares, vínculos ultracercanos. Estas elecciones están vinculadas a una lógica familiar. Esa que permitiría explicar la condonación de la deuda (70.000 millones de pesos) del Correo Argentino, administrado por una empresa del grupo Macri, para con el Estado nacional. Esta es una noticia vieja. Hay nuevas, por cierto. En Comercio trabaja Miguel Braun, primo del jefe de Gabinete, Marcos Peña, un leve ejemplo. Y a mediados de junio, el Presidente nombró en el Banco Central a Luis Caputo –luego de pedirle la renuncia a Federico Sturzenegger. Caputo es primo de Nicky Caputo, “el hermano de la vida” de Macri. También relevó a Francisco Cabrera de Producción –y lo sustituyó con Dante Sica. Pero, Cabrera –este “amigo íntimo”, que había acompañado al actual Presidente desde la primera hora en la Ciudad de Buenos Aires y que lo había ayudado a trazar una parte considerable de las políticas públicas puestas a rodar en la campaña electoral– no salió de las filas de Cambiemos, pues Macri lo invitó a presidir el Banco BICE.

 

  1. Pe(n)sada herencia. En la lógica ‘ndranghetista básica –arcaica y moderna– se crea antes el desorden para luego ofrecer protección (a cambio de un precio). Con una precisión: desorden y protección dependen del mismo actor social. Apenas un ejemplo: a los pequeños comerciantes calabreses alguna ‘ndrina primero les quemaban el local y luego los buenos muchachos que la noche anterior habían revoleado nafta a lo loco, le ofrecían protección al trabajador “quemado”. Ésta es, ni más ni menos, la lógica que vimos articulada alrededor del concepto de “pesada herencia”. Con esa aserción, repetida por los actores políticos de Cambiemos, y por los medios masivos de comunicación –que crean “opinión pública”–, se preparó a la sociedad argentina, científicamente diría, para aceptar inconscientemente la lógica mafiosa. Esa misma sociedad será luego un territorio fértil para negocios, tráficos, intereses ilícitos. La “pesada herencia” K es más bien la “pensada herencia” M.

 

Moraleja: sin una lógica reconocible y socialmente aceptable no se controla un territorio. Y no hay que olvidar que el “territorio”, para las mafias, no es una entidad geográfica, sino una mentalidad, un modo de pensar, una cultura, sobre todo en el mundo globalizado. Y ese territorio empieza en la “cabeza de lxs vecinxs”.

 

(*) Universidad Nacional de General Sarmiento/ CONICET.

Fuente: El Cohete a la Luna