por Agustín Mozzoni * –

El 8 de julio fue denominado como “el día de la locura judicial” por la prensa de Brasil, pero además es el día en que Lula obtuvo un impulso con miras a las elecciones de octubre. La militancia del PT retomó el control de las calles, y el desgaste de la prisión reflotó la entereza de un líder que está dispuesto a todo para volver a poner el sillón del palacio de Planalto al servicio del pueblo brasileño.

El Poder Judicial de Brasil ha pretendido mostrar al mundo su seriedad e incorruptibilidad a partir del avance de la causa Lava Jato. En ese intento para nada casual, el juez Sergio Moro se convirtió en un “héroe nacional”, en el “hombre modelo” que se animó a enfrentar al poder sin importar las consecuencias.

La fama de Moro, alentada por los grandes medios de comunicación, terminó otorgándole las credenciales para avanzar sobre ni más ni menos que el expresidente en una causa plagada de irregularidades.

El entramado de anomalías, a la que también hay que sumar la dudosa muerte aérea del juez Teori Zavascki, quien era relator de la causa Lava Jato en el máximo tribunal de justicia de Brasil, volvió a quedar en evidencia este domingo.

Lejos de la “pulcritud” que intentó vender la institución judicial de Brasil, se pudo observar una guerra de egos que demuestra la fragilidad de la judicatura, y en el medio una gran presión del poder concentrado para evitar la vuelta de Lula al gobierno.

Ayer, la Procuraduría General de la República (PGR) envió un documento al Superior Tribunal de Justicia (STJ), en el cual defiende “la competencia de la Corte para la apreciación del ‘habeas corpus’ del ex presidente de la República, Luiz Inácio Lula da Silva, en el caso de que haya sido presentado por la defensa de acuerdo con las normas legales vigentes”.

De esta forma, la PGR le pide al máximo órgano judicial que decida sobre la libertad de Lula, y advierte a la Policía Federal que debe abstenerse “de ejecutar mandatos judiciales referentes a la libertad del paciente que no contengan la autorización del Superior Tribunal de Justicia”.

De esta forma, lo que se está intentando es que de una vez el STJ salde la discusión. El más alto trifunal viene dilatando la decisión debido a que, en caso de rechazar el pedido de libertad, Lula no podrá ser candidato a la presidencia.

Por fuera de las fronteras del gigante sudamericano, la disputa jurídica puso a Lula en la agenda global. La Fundación Internacional del Derechos Humanos afirmó que el líder brasileño “es un preso político”, y decidió otorgarle el estatuto de “prisionero de conciencia”.

Por su parte, Dilma Rousseff sostuvo que “es evidente ante el Brasil y el mundo que Lula ha sido perseguido por los jueces que injustamente lo condenaron. Es evidente el carácter de esta persecución, porque ni siquiera sirve una orden judicial para liberarlo. Eso es corromper la institución que debe servir y lesionar la democracia”, dijo a través de Twitter.

“Están creando una grave crisis institucional desmoralizando al poder judicial. Con este ejemplo de ayer, ¿cómo quiere que la población acepte que la orden judicial no se discute? ¿Cómo esperas que crea que todo el mundo es igual ante la ley? Todo se convierte en una farsa”, añadió la ex presidenta.

Bachelet, Evo, Mujica, Petro

En Chile, un grupo de dirigentes progresistas y de izquierda, liderados por Michelle Bachelet, denuncia las irregularidades del Poder Judicial de Brasil y asegura que una elección sin Lula intensificará la crisis política brasilera y latinoamericana.

El presidente de Bolivia, Evo Morales, enfatizó que “el delito de Lula es ser el candidato ganador”, y expresó su plena solidaridad con el prisionero al afirmar que el líder brasileño “no está solo”.

El excandidato a la presidencia de Colombia Gustavo Petro, manifestó que “Lula es un preso político en manos de una dictadura. Si lo dejan libre gana la presidencia del Brasil. Con Brasil y México gobernadas por fuerzas progresistas, el mundo comienza a cambiar en favor de la democracia y los excluidos. Es el comienzo del fin del neoliberalismo”.

Desde Uruguay, Pepe Mujica alertó el fin de semana que “Lula es un reformista que permitió que casi 40 millones de personas salieran de la pobreza. Pero a pesar de que es un hombre de consenso, las élites económicas avanzaron hasta poner preso a un hombre inocente. Es el único capaz de devolver a Brasil su natural alegría de vivir”.

(*) Lic. en Gobierno y Relaciones Internacionales.

Fuente: Va Con Firma