por Héctor Mauriño –

a noticia sobre un nuevo revés en el meneado proceso de construcción de la represa Chihuido I, no pudo sino provocar cierta desazón entre las filas del gobierno local. Para colmo de males, como ocurre cada vez con mayor frecuencia, el tema sirvió para que el vice Rolando Figueroa volviera a tomar distancia del gobierno nacional y castigara al Ejecutivo local, del que parece irremediablemente alejado.

Como no podía ser de otra forma, Gutiérrez absorbió el golpe, pero en lugar de dirigir sus dardos contra el gobierno nacional desvió la atención hacia la empresa adjudicataria patrocinada por Alemania, a la que amenazó con convocar a un nuevo proceso licitatorio “si no cumple con los requisitos licitatorios para el financiamiento total de la obra”.

De paso, dobló la apuesta sacando de la manga tres emprendimientos hidroeléctricos más sobre el río Neuquén; Chihuido II, Cerro Rayoso y La Invernada.

Se dirá, y no sonaría exagerado, que optó por hacerse el distraído. En definitiva, según lo que hizo trascender el diario La Nación, los alemanes estarían disgustados porque un alto funcionario del gobierno de Cambiemos les aclaró que a raíz del ajuste impuesto por el FMI, el Estado argentino no invertirá el porcentaje menor del financiamiento que había comprometido.

Pero no es menos cierto también, que en su proximidad con el macrismo Gutiérrez ha obtenido hasta ahora resultados consistentes. El último de ellos es el decreto para formalizar la Zona Franca de Zapala, una milonga que se llevó más de dos décadas de franela con todos los gobiernos que se sucedieron en la Casa Rosada.

Pero también, y fundamentalmente, a lo largo de la infausta era macrista  Gutiérrez ha obtenido respaldo nacional para imprimir mayor impulso al proyecto Vaca Muerta. Algo crucial para esta provincia (ver el informe especial de hoy sobre el tema), que al parecer también se ha convertido en una suerte de leitmotiv para el gobierno de Cambiemos.

Se entiende, la única platita contante y sonante que en los últimos dos años y medio ha entrado al país para algo diferente que la bicicleta financiera, son las inversiones de las multinacionales petroleras en la vaquita feliz.

Pero además, la lectura que al parecer hace el gobierno de lo ocurrido con Chihuido no sería sólo conciliadora sino también sutilmente especulativa. Se presume que espera beneficiarse de la presión que podrían ejercer los alemanes, con su poderosa industria interesada en vender las turbinas y su peso en el G-20, donde este país “emergente” es apenas un convidado. Con esto, se entiende un poco mejor.

“El expediente de Chihuido I estaba cajoneado y lo ocurrido acelera los tiempos, porque aparece un factor de presión”, sintetizó desde las alturas un funcionario local.

Por las dudas, al día siguiente de conocida la mala noticia, durante el anuncio del llamado Clúster de Vaca Muerta, el gobernador volvió a arremeter con su último latiguillo para diferenciarse de las miserias del macrismo: “la palabra que convoca a este gobierno es desarrollo y no ajuste. Nosotros buscamos en el sendero de la justicia social, la igualdad de oportunidades”, sentenció.

El mentado Clúster busca capitalizar el desarrollo de Vaca Muerta para las pymes locales, de manera que los recursos que produce la ya mítica formación hidrocarburífera no pasen de largo y queden en la provincia. Otra apuesta de Gutiérrez a hacer de la necesidad virtud, en la siempre ardua relación con el gobierno nacional.

Empeñado como está el gobierno local en diferenciarse del nacional sin que se rompa el embeleso de las buenas relaciones, ha pasado a esgrimir un discurso que discurre al filo de la navaja.

Mientras exalta las supuestas bondades del localismo representadas en el eslogan “Neuquén, la mejor provincia”, busca diferenciarse para no quedar atrapado en el creciente repudio de la sociedad hacia el macrismo, pero sin perder las ventajas de ser considerado ‘un buen amigo’.

Se verá si lo logra.

Fuente: Va Con Firma

Foto: Archivo