por Belauza –

Allá al inicio de la década del 70, el cantor de protesta Piero cantaba en la canción  “Los Americanos”: “Si conocen historia/ No es por haber leído/ Si no de haberlo visto/ En el cine americano/ Con grandes escenarios/ Y música grandiosa/ En el sutil estilo/ de los americanos”.

Parecía que la Ilustración de fines del siglo XVIII había conquistado finalmente el planeta, y suponía que sólo se podía aprender -incluida la historia- por los libros. La revolución digital cuyo origen no casualmente data de esos años llevó, entre otras cosas, al streaming y una producción de películas y series audiovisual descomunal, que no sólo dejó atrás las máximas de Piero, sino que instaló al audiovisual como un nuevo lenguaje, una nueva forma de leer y escribir la realidad y la historia. En él, el documental ocupa un lugar destacado. Entre los factores que ahí lo ubican está que por lo general tiene pocas emisiones -o sea que se puede consumir en un tiempo relativamente corto-, característica que también implica menos “compromiso” a la hora de seguir una historia: no hace falta pensar si se va a seguir o no. Por otro lado, se pueden aprender un montón de cosas en un tiempo claramente menor al que llevaría leer un libro para aprender lo mismo. Amén de que el aprendizaje a través de imágenes -hoy ya está claro- resulta más efectivo.

Así que, como un homenaje no deseado a Piero y sus “Los Americanos”, aquí tres documentales disponibles en Netflix que permiten entender bastante mejor la reciente historia de los Estados Unidos. Si no se ha visto ninguno, se sugiere hacerlo en el siguiente orden: Requiem For American DreamThe Vietnam War Wild Wild Country.  El primero es la clase magistral de Noam Chomsky en una emisión unitaria que permite hilvanar y asociar mejor lo que sucede tanto en la Guerra de Vietnam como el relato del apogeo y caída del imperio del gurú de la autoayuda Osho mientras estuvo vivo (ya que hoy su influencia pervive de otros modos). Si no se tiene la posibilidad de verlos en ese orden, sólo verlos dará más posibilidades de entender algo mejor cómo y por qué es que llegamos a este 2018.

Requiem For American Dream (2015)

Con el estilo tan llano como contundente que lo caracteriza, Chomsky explica una decena de “trucos” o dispositivos de índole político pergeñados por la clase dominante de su país para producir cambios económicos que a su vez inducen modificaciones en las conductas y hasta en los sentimientos. Sosteniendo sus argumentos en la filosofía, la lingüística y la sociología, uno de los intelectuales más críticos del actual rumbo de las cosas deconstruye el andamiaje sobre el que se asienta lo que considera el mayor mal de nuestro tiempo: la desigualdad en la distribución y posesión de bienes materiales y simbólicos. Sin hacer alarde de ningún conocimiento especial o de alguna teoría conspirativa, Chomsky, a diferencia de cómo se habla de la desigualdad en los medios de comunicación, no habla de la pobreza, sino de la gran concentración de la riqueza, según él, jamás vista antes, al menos durante la Modernidad. Como si fuera poco, también desentraña las maneras y modos con los que los sistemas de dominio atacan a quienes los critican como para inhabilitar esa crítica. Por último, una pequeña mención al tono en el que habla y dice: su calma y aplomo son, a la vez que un bálsamo, una lección de cómo discutir posiciones para ser más eficaces.

The Vietnam War (2017)

De la mano de uno de los más prestigiosos documentalistas norteamericano de todos los tiempos, Ken Burns, los espectadores con algún recuerdo de la Guerra Fría y los que creen que esa guerra corresponde a la prehistoria, podrán revivir cómo fue buena parte de ese mundo que hoy parece de ciencia ficción. Gran oportunidad para Millennials y Centennials de aproximarse al tiempo que vio nacer y crió a sus progenitores. Cuando cualquier acción de quien se consideraba enemigo era leída bajo la égida de la maldad o la bondad, mas nunca conducida por un interés distinto al ideológico (como la mera necesidad). Si bien se puede confundir con “la grieta”, lo que consigue Burns es transmitir esa sensación tan normal en aquel mundo: lo que hiciera el Occidente capitalista (hegemonizado por Estados Unidos) sería leído con la única intención de destruir al comunismo (hegemonizado por la Unión Soviética), y viceversa; el fin legitimaba cualquier medio (hoy al menos tiene una censura social). Pero todo -como casi siempre- era mucho más complejo y mucho menos maniqueo. Y Burns consigue transmitir esa complejidad. Lo hace, precisamente, forzando el tono maniqueo de la época. Así es posible entender que el nacionalismo de entonces no estaba asociado a una idea reaccionaria, sino lo contrario (Liberación o Dependencia era la consigna por excelencia en un mundo aún colonialista), que la subjetividad no era una valor, que la idea de superioridad cultural de los países capitalistas sobre los subdesarrollados era moneda corriente, que cualquier derecho era postergable en pos de vencer al enemigo y un sinfín de asuntos más tan propios de esos años. Algunos de ellos siguen vigentes, pero no funcionaban en bloque como entonces. Para linkear con el documental anterior: en ambos se puede ver cómo un período de bonanza económica y equitativa distribución del ingreso como el que vivió el mundo a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, resulta por un lado en una mayor lucha por los derechos de mayorías y minorías, y al mismo tiempo de un crecimiento de la autoestima de los pueblos y los individuos.

Wild Wild Country

Acaso el final lógico de ese mundo perdido tan bien explicado por Chomsky, en el que la guerra de Vietnam fue condición necesaria aunque no suficiente para que suceda. Es que aquí, a diferencia de la acción política cotidiana, se trata de ver hechos y momentos en perspectiva histórica, y asociarlos es parte del asunto de una la lectura histórica. Así que no está mal -incluso por el contrario- ver que aquel joven aún llamado Bhagwan Shri Rajnísh es un hombre que ha creado un secta en la mitificada India de los años 70. El crecimiento de su culto lo puso en conflicto con el gobierno indio, lo que llevó a sus principales asesores a buscar un territorio en el planeta donde pudieran erigir una nueva ciudad, prácticamente una meca de su religión. Un pueblito perdido de Arizona es el elegido, y hacia allí llegan miles de sus seguidores para sorpresa y disgusto de los pocos agricultores del lugar. Desde ahí arranca la serie, que tiene mucha política, narcisismo, disputa de poder, sexo libre y algunas cuestiones más. Ah, el año en el que llegan a Estados Unidos es 1981, cuando Reagan declara el inicio del reinado del neoliberalismo en su país (y prácticamente en el mundo). La aparición casi en masa y casi violenta de la subjetividad, y la incipiente post verdad como argumento y contra argumento (de parte de los lugareños también), hacen de este documental una pieza de gran valor para entender la sensación de sinrazón que parece que pasó a gobernar el mundo.

Sin intención pero tampoco por mera casualidad -en definitiva todos tratan de dar cuenta de cómo Estados Unidos (y con ellos el mundo) llegó hasta aquí-, estos documentales ofrecen una perspectiva crítica sobre la historia reciente. Con ellos el espectador, como antaño hacía con los libros, puede darse una muy buena lectura de historia política, social y cultural contemporánea. Y dejar definitivamente atrás el prejuicio de la cultura letrada que nos legó la primera Ilustración.

Fuente: Tiempo Argentino