por María Beatriz Gentile * –

La máxima de “Achicar el Estado es agrandar la Nación” parece ser insuficiente en la Argentina de hoy. El corolario Macri a la doctrina Martínez de Hoz invita a reducir también los alcances de la segunda.

Sabemos lo difícil que resulta definir, en pocas palabras, ¿qué es la Nación? Pero seguramente coincidamos que en términos históricos, son formas de organización social relativamente nuevas que distan bastante de ser fenómenos naturales o espontáneos.

Sin un proceso de creciente centralización política, esas ‘comunidades imaginadas’ como llamó Benedict Anderson a las Naciones, no habrían encontrado mecanismos de realización. Fue la emergencia del Estado moderno con su capacidad de controlar un territorio definido, administrar y gobernar a sus habitantes por encima de corporaciones autónomas, imponer sus leyes y una cultura capaz de forjar pertenencia e identidad lo que las hizo viables. “Las naciones no hacen ni Estados ni nacionalismo, sino al revés”, escribió Eric Hobsbawm

En América Latina, después de su independencia de los imperios ibéricos, la forma del Estado-Nación expresó esa complementariedad. Menos preocupados por definir a la Nación, las clases dirigentes de nuestro siglo XIX se ocuparon por delimitar quiénes formaban parte de ella. Quiénes gozarían de derechos y quiénes no.

Los regímenes políticos consolidados en esa etapa expresaron su carácter oligárquico en una doble dimensión: por su forma y por su contenido. Por su forma, en tanto el esquema de representación nacional quedó circunscripto a un sistema de sufragio restringido a determinadas condiciones económicas, sociales, étnicas, de instrucción y de género. Por su contenido, en razón de que sólo expresaba los intereses de las burguesías terratenientes excluyendo del bloque de poder a la incipiente burguesía industrial, a los núcleos obreros de la manufactura local, a los sectores medios y fundamentalmente al campesinado.

La alternativa a ese orden sólo podía provenir, entonces, de los excluidos. Así en las primeras décadas del siguiente siglo, los campesinos mexicanos en 1910, los sectores medios en las experiencias reformistas de la América del Sur y el naciente movimiento obrero con sus voces anarquistas y socialistas, lo hicieron.

‘Ampliar la Nación’ fue la consigna de esos años. Hacerla no sólo más extensa en términos de participación política, sino también hacerla más antigua: reconocerse herederos de una América preexistente a su conquista y colonización.

Los límites de esa ‘nación de propietarios’ lograron expandirse en términos políticos, pero no se logró afectar el corazón del modelo en términos distributivos. La crisis capitalista de 1929 y las guerras mundiales señalarían el final de una etapa y la emergencia nuevos protagonismos.  El ascenso del movimiento obrero organizado, la gravitación de una sociedad de masas y el fortalecimiento del Estado interventor completaría lo iniciado: ampliar los márgenes de la participación en la distribución de la riqueza. Nuevas alianzas, nuevos derechos y una nueva perspectiva de comunidad imaginada.

Una vez más la noción de que la historia se desenvuelve en forma lineal y evolutiva encuentra su punto de inflexión. Hace unos días Cristiano Rattazzi, presidente de la empresa FIAT Argentina, señaló la necesidad de volver a la realidad de hace 85 años atrás, es decir a 1933. Asimismo, el ministro Nicolás Dujovne habló en su conferencia de prensa de corregir el rumbo iniciado hace 70 años, o sea 1948. En el primer caso no quedó claro si el empresario añora la Argentina de la ‘restauración conservadora’ o a la impronta del fascismo en la tierra de sus ancestros. En el caso del ministro, la precisión – tal vez la única vertida en su alocución- fue contundente: volver a la Argentina en que la salud y el trabajo eran cuestiones de caridad y beneficencia; por eso la eliminación de ambos ministerios creados precisamente en 1949 bajo el gobierno de Juan Domingo Perón.

Si se ha de volver a la ‘Nación de propietarios’, entonces habrá que retornar con las banderas de ‘ampliar la Nación’ en todo su alcance.

(*) Historiadora, ex delegada de la secretaría de Derechos Humanos de la Nación, decana de la facultad de Humanidades de la Universidad Nacional del Comahue.

Fuente: Va Con Firma