por Eduardo Aliverti –

El episodio espeluznante de la maestra secuestrada y torturada en Moreno careció de figuración principal, y hasta secundaria, entre los medios dominantes de la agenda publicada.

La displicencia de títulos perdidos arrojó disparates que relacionaron al tema con agresiones de los narcos, ratificados por Heidi en declaraciones de este sábado.

Los diarios del macrismo hablaron de que “se denunció” una “agresión” cuando la foto de la panza tajeada de la docente ya era un documento público.

A Corina De Bonis la subieron a un auto. Le pusieron una bolsa en la cabeza. La tallaron a sangre con un punzón en el abdomen, porque junto a sus compañeras y madres del barrio organizó ollas colectivas para amortiguar el cierre de comedores escolares en la localidad bonaerense.

Es un espanto que se deba relatar lo que pasó, en lugar de poder darle al hecho un carácter de conocimiento masivo.

Es casi tan terrorífico cómo lo atravesado por una educadora que, como si fuera poco, apenas declaró con una humildad infinita no entender nada; no saber por qué le hicieron esto siendo que ni ella ni sus colegas hablan ni del gobierno anterior ni de éste; no comprender las amenazas previas de que la próxima olla deberían hacerla a la puerta del cementerio.

Es casi tan siniestro como los comunicadores que callan sin la vergüenza propia ni ajena de que nada les sucedería si le brindaran al tema siquiera un ligero comentario. Una indignación siquiera actuada.

Es casi tan vomitivo como esos otros comunicadores que, habilitados por la impunidad otorgada desde el orden simbólico del macrismo, hablan de las negras de mierda, de los vagos planeros que pagamos todos, de los chorros que nunca son quienes satisfacen sus honorarios porque sólo se trata de escupir odio en toda oración –cuando pueden construirla– de su tristísimo vocabulario.

El paquete de la invisibilización mediática de lo que debería estremecer viene atado.

El caso pavoroso de la maestra de Moreno, que remite sin dudar un segundo a la imagen de los grupos de tareas en la dictadura, es una advertencia extrema de unos tiempos de violencia que estarían al caer. O que ya están.

Tiempos que, como viene avisando el lenguaje oficial, serán adjudicados a preparaciones de guerra de guerrillas; clubes de helicóptero; avanzadas troscokirchneristas; focos de inadaptados que no asimilan el esfuerzo nacional que se necesita; enloquecidos en las sombras que, obviamente, nunca serán presentados como la mano de los servicios.

Será imprescindible no sorprenderse por la capacidad que tiene el aparato gubernativo para inventar cualquier cosa. Indignación sí. Asombro no.

Por tomar sólo un ejemplo, que no es el menor, el macrismo desató desde su debut una campaña furiosa contra los docentes.

Los chicos como rehenes, la fiesta de las licencias por enfermedad, los maestros sin título al frente de las aulas, sus sindicalistas corruptos, la falta de capacitación.

¿A quién se le ocurre que ese clima promovido oficialmente no es el detrás racional de la maestra secuestrada y torturada?

Una parte significativa de esta sociedad compra las fantasías probablemente no porque les crea en forma auténtica, sino por necesidad de desprecio hacia el abajo de quienes le quedan lejos. Y otra parte impredecible sería capaz de adquirir esos buzones, porque la aterra no asumir que quienes desea ver lejos van quedándole cerca.

Sobre esa lógica trabaja el aparato mediático. Por acción y omisión. Ambas son parte del mismo dispositivo.

Por acción son las fotocopias de los cuadernos, los empresarios apretados en sede judicial para declarar cualquier cosa que incrimine a ex funcionarios, las bóvedas, las excavaciones estancieras en busca de algún container o barril repleto de dólares K que nunca encuentran.

Por omisión es Corina De Bonis o incluso Larry Kudlow, director del Consejo Económico de la Casa Blanca, quien, sin careta alguna, admitió en público que el Tesoro de Estados Unidos analiza la virtual desaparición de la moneda argentina, y su reemplazo por el dólar, como única probabilidad de que estas pampas resuelvan su crisis recurrente.

Las declaraciones del amigazo o enemigo íntimo macrista, uno de los principales asesores de Donald Trump, tampoco importaron para el complejo mediático oficial sino a través de algunos editorialistas. Algo más, no mucho, que el encapuchamiento y la tortura a la maestra de Moreno.

La cuestión no es otorgarles a los bufones de la prensa oficial, constitutiva de la Alianza gobernante, más de lo que el pito vale.

Afortunadamente, en las redes y en unos pocos o bastantes medios y programas alterativos o alternativos hay una respuesta combativa, singular, incluso eficaz para que el concepto de hegemonía sea puesto en disputa.

Pero sí es cuestión de que las acciones y omisiones de esa prensa revela desorientación ¿e impotencia? en el bloque Gobierno/Medios, o establishment genéricamente expresado al que debe agregarse Comodoro Py.

La inflación galopante con el 3,9 por ciento de agosto y una previsión porcentual del 5 o 6 para septiembre reciben asimismo el menosprecio mediático, para no hablar de los cortes en la cadena de pagos, el cierre de comercios, la multitud por goteo de despidos estatales y privados.

Las partidas presupuestarias para Ciencia, Educación, Niñez, Ambiente, son recortadas en transferencias a Policía Federal, Gendarmería y Fuerzas Armadas. Con esa sola objetivación basta para designar al modelo Cambiemos, PRO, o como se llame el destrozo presente y futuro de esto que votó una mitad de los argentinos.

Los datos duros de esa realidad incontestable, para la tilinguería amante de lo que afirman órganos atendibles de los países serios, surgen del Financial Times, el Wall Street Journal, Moody’s, Morgan Stanley y siguen las firmas.

Esa es la gente que muestra a Macri y su equipazo como susceptibles de derrumbe porque –concepto implicado– no hay mayor inconveniente con que sean una murga de ladrones que trafican influencia, sino con que no puedan garantizar la gobernabilidad de sus negociados.

Mientas tanto, como antes y después, toda “gilada” disputable puede concentrarse en los bolsos de López; en las retroexcavadoras patagónicas que después terminan en Patricia Bullrich admitiendo que estudian analizar mejorar las denuncias; en resucitar la causa del suicidado Nisman. O en la aspiración o hipótesis de máxima, que es Cristina presa a como viniere.

Se cargaron a Lula sin pruebas. Sólo con la “convicción íntima” de que “robó” un departamento. ¿Qué loco podría suponer que serían capaces de no hacerlo con la única figura representativa –la ex presidenta– de lo que al macrismo le conviene para polarizar? Perdido por perdido, ¿por qué no lo intentaría en medio de que, además y nada menos, sus cuadernos serviciales pueden alcanzarlo de lleno para que las empresas norteamericanas vayan quedándose con todo?

Exactamente eso es lo que hicieron y hacen en Brasil con el Lavajato, el Lawfare, la penetración de los intereses estadounidenses para enfrentar la expansión china que amenaza los intereses del Imperio.

Sea teoría conspirativa o producto de la impericia de una clase dominante que nunca termina de lograr ser dirigente en el sentido lúcido de la acepción, la banda macrista continúa solventándose en la desarticulación opositora (política, gremial, social, su ruta).

Si le alcanzará o no, hasta cuándo y para qué, también sigue siendo la pregunta que absolutamente nadie está en condiciones de responder.