por Mariano Collado –

Las políticas neoliberales aplicadas hoy y en el pasado, ni son erróneas ni han sido un fracaso, porque en ningún momento se implementaron para beneficiar al conjunto de la sociedad. Desde el punto de vista de la oligarquía, que es artífice de estas políticas, su aplicación ha sido un éxito total y ha contribuido al crecimiento de sus riquezas. No tienen otra finalidad que la de hacer más ricos a los ricos.

A esta altura de los acontecimientos me sorprende, en grado de alarma, que algunos analistas, y hasta el propio Axel Kicillof hace unos días, sigan insistiendo con la idea de que “estas políticas económicas ya se aplicaron en los ’90 y fracasaron”. A donde quiero apuntar es a la idea de “fracaso” que se le atribuye ingenuamente a estas políticas neoliberales de saqueo.

Estamos caracterizando mal al adversario si seguimos reproduciendo esta idea totalmente naif. Las políticas neoliberales aplicadas hoy y en el pasado, ni son erróneas ni han sido un fracaso, porque en ningún momento se implementaron para beneficiar al conjunto de la sociedad. Desde el punto de vista de la oligarquía, que es artífice de estas políticas, su aplicación ha sido un éxito total y ha contribuido al crecimiento de sus riquezas. No tienen otra finalidad que la de hacer más ricos a los ricos.

Por tanto, atribuir torpeza o desacierto a quienes implementan estas políticas sólo habla de la torpeza y el desacierto de quienes hacen dicha valoración. La oligarquía nunca se equivoca en la defensa de sus intereses. No aplica recetas neoliberales para beneficiar a los plebeyos. Sus políticas son siempre exitosas, por eso las repiten cada vez que las circunstancias se lo permiten. Ellos no tropiezan con ninguna piedra una y otra vez. Si no somos capaces de hacer esta interpretación es que estamos contaminados por el relato hegemónico y reconocemos, al menos, una intencionalidad bienhechora detrás de esas políticas. La desgracia del pueblo, y hasta del propio país, se debe al éxito total de las políticas aplicadas por la oligarquía, por tanto seguir hablando de fracaso es menospreciar el grado de saña y mezquindad de la que ella es capaz.

Fuente: Nuestras Voces