por Graciela Rendón –

Leyendo una nota de Página 12, que es una entrevista de Sonia Santoro al Doctor en Historia Ezequiel Adamovsky, me quedé pensando mucho en los engranajes filosóficos que sostienen una economía. El artículo trata mucho de eso. La sociedad va permitiendo lo que el gobierno ya de alguna manera abrió la puerta para que sea permitido. Pensé que el mundo se fue construyendo a partir del trabajo y del cambio o trueque por ese músculo que conseguía hacer el producto. Y generó una filosofía de vida. Esa economía era una rueda que la hacía girar una filosofía. Hoy diríamos una cultura.

Lo que digo es que la economía, la sociología y la filosofía son una tríada imposible de separar. Se nutren mutuamente. Y de alguna manera es el huevo, la gallina, nadie está primero, las tres están ahí, protagonistas la una de la otra. Encimándose y dándose de comer.

En la historia de la humanidad, de la cual no sé tanto, si no que leo constantemente para entender, sé que el hombre y la mujer caminaron distintos senderos para afianzar un pensamiento, una ideología, que los hiciera más felices. Nadie caminó y caminó para ser un infeliz. O una infeliz. Comprobadísimo. Y de última, en la historia religiosa de los flagelos los hacían porque eso los hacía felices. Pero esa es otra cuestión.

Me interesa hoy la que nos invade, la cuestión económica y su filosofía.

Cuando era la guerra del fuego, había que saber hacerlo sino se robaba. Cuando una comunidad solidaria la enseñaba ya no tenía sentido el robo, porque el saber estaba socializado.

Antes, para conseguirlo se podía sobornar. O se mataba. O se pedían cosas a cambio, desde una mujer o varias, hasta el animal que se cazaba, o la cueva donde se vivía.
Lo que digo es que nadie quería la infelicidad y era capaz de cualquier cosa para conseguirla.

Así hasta nuestros días. Los pobres y los ricos quieren ser felices. Hoy pasados miles y miles de años de lo que dije antes, la noción de felicidad cambió tanto, pero tanto tanto, que ya no sabemos bien qué es, si una pastilla para el dolor, si una casa grande, si el estudio universitario o el estudio cualquiera sea, si ser gerente de banco, presidente o presidenta, o gondolero o gondolera en el súper.

El capitalismo se encargó eficazmente de distorsionarnos día a día qué concepto de felicidad tenemos. Porque ni siquiera como sociedad de una misma cultura podemos ponernos de acuerdo. Entonces llegó la PROPAGANDA. Sin lugar a dudas para uniformarnos y ponernos de acuerdo. Pero solo en una cosa: La felicidad no siempre es de todos. No porque no deba serlo, si no porque es caro que así sea. Y la Propaganda te asegurará que es de unos pocos, y una y mil veces te repetirá que cada vez es de más
pocos.

Este sistema de gobierno, macrista o neoliberal que es lo mismo, se basa en que te convenzan de que no podés tener derechos (no inventé nada lo saqué de todas las notas que leo) porque así se puede concentrar el fuego que es como el dinero, en esos más pocos.

Pero te tienen que convencer y acá viene la filosofía. Nace la PROPAGANDA. Los filósofos que asienten el modelo neoliberal encontraron en la propaganda la mejor forma de convencerte que no podés hacer el fuego. Que no conviene, que no te juntes con otres a hacerlo porque el fuego quema. Y ellos son los que te van a quemar, si decidís a toda costa aprender. Te dan adrenalina, acción, sexo, y deseo. Algo a lo que jamás accederás pero te llevan tan rápido que te la creés.

Me detuve entonces en una propaganda que para mí es el neoliberalismo en modo audiovisual. Y es la propaganda de la camioneta Ford Ranger. Te invito a que la mires. Comienza diciendo: EN EL CAMPO NO HAY FERIADOS, SE TRABAJA DE SOL A SOL, HAY QUE MANTENER VIVAS LAS TRADICONES. Luego se rompe el cristal de las frases que sostenían esa idea de la vida y aparece un no se sabe qué, porque no sabemos si es un peón o el dueño (suponemos que el dueño del campo) con la Ford Ranger, donde
lleva bicicletas, esquíes… etc…..

En la primer parte de la propaganda, los que trabajan van a caballo y son peones, calculamos que gente más bien humilde, si entendemos que fija los salarios la sociedad rural son más que humildes, no van a esquiar no tienen la plata para hacerlo y van a caballo porque en el campo se va a caballo. Doy fe. Primer punto de la filosofía: no es una tradición, hay lugares donde entrás, o a caballo o sólo con bueyes. Hay una geografía que genera una cultura. No entra ni la Ford Ranger ni el helicóptero.

Segundo punto: hay una transformación en la propaganda. ¿Que se trasformó? ¿El caballo
en camioneta???? Y para qué? ¿Para el campo? Mentira. Te mintieron.
Lo que se ve es que se transformó para ir a esquiar algo que los peones con su magro sueldo y sus magras condiciones de vida no pueden hacer. O sea seguimos con la vida del patrón o de sus hijos. Que no cambiaron caballos ni la vida de sus peones sino que cambiaron su camioneta para ir a esquiar.

Los peones no aparecen nunca más, no sabemos qué se hizo del campo, el que seguramente le da plata para seguir cambiando su camioneta. O no, o ahora es un gran negocio inmobiliario, quien sabe. Sigue la Propaganda. Hermosas niñas y niños ricos que hacen buceo, esquí, snowboard, cruzan el desierto a todo culo, entre arenas y nieve con una camioneta que compraron por el trabajo de esa gente que seguramente sigue yendo a caballo. Otra vez la propaganda de la meritocracia en cubierta. La camioneta tiene adrenalina, que es lo que más le gusta a la gente al comprar un auto, para después hacerse
torta porque van a 160 o hacer torta a otre. Y termina por fin con lo mejor, lo más del neoliberalismo: LOS MANDATOS SE HAN HECHO PARA ROMPERSE.

Y sí. Esa es la filosofía que sostiene este modelo económico. Se tiene que romper la Constitución, la justicia, la política, los maestros son vagos, los médicos no saben nada, los políticos se roban todo. Si sabrá Bonadio de romper mandatos, ¿no?

No tengo nada contra la marca Ford, yo tengo un Ford. No tengo nada contra los autos. Sí tengo mucho contra romper los mandatos.

Tenemos que hacer nuevas propagandas entre nosotres que nos mantenga vivo nuestro contrato social. El fuego que una vez aprendimos a hacer. Es la mejor de las fogatas. No comamos adrenalina. Juntémonos para no romper mandatos. En todo caso para reconstruirlos.