por Eduardo Aliverti –

Buen momento para perfilar lo que se esconde y a la vez expone en los problemas abiertos del macrismo.

Que el Gobierno hace todo lo posible por usar e inventar corruptelas kirchneristas con Cristina como ariete principal, a fines de desviar agenda sobre la situación económica, ya no debe estar en duda si se tiene un milímetro de dedo como tamaño de la frente.

Pero las grietas de Casa Rosada –extendidas a la parte del bloque dominante en que dicen lo suyo los conglomerados locales– adquieren una dimensión que no se puede disimular.

El episodio mediáticamente más amplificado de la semana fue el choque entre Elisa Carrió y Germán Garavano, porque el ministro de Justicia dijo que no es bueno tener ex presidentes cercados por los tribunales y que los encarcelamientos salen cual máquina de hacer chorizos.

La pitonisa, quien no da un paso que no esté en línea con las indicaciones de La Embajada, entró en cólera. Exigió juicio político a María Santísima; acaba de admitir que ya no confía en Macri (nada menos que en entrevista con La Nación); intervino el Presidente; el periodismo oficialista interrogó si justo ahora se les ocurre sacar semejantes trapos al sol. Etcétera.

En la calle, el tema no existe. Habrá, incluso, una mayoría que debutó en escuchar quién es Garavano. Se comprende.

Se entiende al igual que el desentendimiento masivo acerca de qué son las Leliq, y antes las Lebac, o cualesquiera de esos instrumentos de política monetaria que jamás sirven a cosa que no sea perjudicar a quienes tienen menos y a los que disponen de poquito o poco más.

Los unos dependen de la estructura asistencialista superviviente y los otros, la clase media globalmente graficada que se tiró una cana al aire votando al macrismo, volvió a avivarse tarde –si en verdad ya lo hizo– de que es el pato de la boda ajustadora.

Lo único que les faltaría a ambos sectores, surcados por esta ruina de despidos, quiebras, achicamiento, suspensiones, pobreza e indigencia potenciadas, es andar preocupándose por la contienda entre Carrió y el ministro cuyo apellido sintieron nombrar de repente como –encima–responsable gubernativo de un área, el Poder Judicial, cuya credibilidad es menor a cero.

Sin embargo, sí debiera interesar que este tipo de riñas escenifican el grado de inseguridad macrista frente a un panorama que puede salírseles de control.

En la semana hubo también dos declaraciones, una oficiosa y otra oficial, que gracias a su crudeza son sencillamente insuperables porque resumen la descripción de quiénes gobiernan.

Los dichos de uno tuvieron rebote mediático, hasta ahí. El personaje es conocido. Reviste carácter de gurú ante un establishment que asiste a sus conferencias para jugar a sentirse informado y prevenido. Se caracteriza por usar figuras retóricas de impacto fácil. Por ende es un gran titulero periodístico y Macri, sin ir más lejos, le pidió que se hiciera cargo del comando económico hace apenas un mes. Conoce bien de cerca al corazón del Poder, o más bien a su intestino grueso, pero su negocio funciona mejor al situarse como el outsider propio que les canta las cuarenta. Viene a ser la Lilita de los mercados locales.

Al otro no lo registra casi nadie pero, caramba, es el secretario de Finanzas y nada menos que el único invitado oficial a la comisión parlamentaria respectiva, para defender el Presupuesto 2019.

En ese orden, Carlos Melconian disertó en Córdoba en charla organizada por una compañía de seguros y por la Cámara de Comercio Exterior provincial. Dijo allí que la economía está directamente en manos del Fondo Monetario. Que el ministro de Hacienda y el presidente del Banco Central toman mate durante todo el día. Que a eso de las cinco de la tarde aparecen por su lugar de funciones, para mandar una planilla a Washington. Y que si no fuera porque la oposición no existe, sería para hacerse un picnic.

Los operadores mediáticos del macrismo quedaron con la boca abierta, cada quien juzgará si porque los sorprendieron esas afirmaciones o por no poder creer que alguien del palo exprese así lo que todos ellos saben, comentan y, sobre todo, ocultan de sobra.

En cualquier caso y como respecto del club de la pelea entre Carrió y Garavano, lo importante es qué trasunta la salida a luz de estas advertencias y disputas en la interna gubernamental.

De no repararse en eso, se cae en el psicologismo de que la legisladora chaqueña con inasistencia al Congreso casi perfecta es una desbocada sólo apta para pulverizar cuanto ayuda a construir. O que el ministro de Justicia simplemente tuvo un acceso de sinceramiento inconveniente, cuando señaló que Inodoro Py o Comodoro Pro abusan de unas prisiones preventivas a mansalva capaces, el día de mañana, de volverse boomerang contra la banda que gobierna.

Dicho de otro modo con sentido idéntico, ya discuten a la vista si aceleran con el encarcelamiento de Cristina a como fuere, si debe calcularse más fríamente que eso significa victimizarla o si les conviene que pueda ser candidata para confiar en los globertos que nunca dejarían de faltar.

Santiago Bausili, el otro declarante citado de la semana y encargado técnico de las finanzas públicas, solamente tuvo exploración periodística mediante el artículo de Miguel Jorquera en PáginaI12 del viernes pasado.

El funcionario es un sobreviviente de la gestión del Mago Toto, quien duró tres meses en el Banco Central porque lo reclamaba su participación en la Champions financiera o porque el Fondo pidió su cabeza mientras Macri bailaba con la vicedirectora ejecutiva del Atlantic Council.

Con una liviandad incalificable a la que cabe admirarle su desnudez, Bausili le dijo a la Comisión de Presupuesto que el cálculo de ingresos y egresos estatales para 2019 “está planteado como si no estuviese el acuerdo con el FMI” porque eso “todavía no está firmado”, porque lo “ideal” es que el año próximo “no tengamos que usar” la plata del préstamo y porque, “si el acuerdo con el Fondo se mantiene (es decir: el acuerdo que el propio Bausili dijo que no está firmado), lo guardaremos para 2020, 2021…”.

El pavoroso sincericidio del secretario de Finanzas fue precedido por la presencia abstracta de Marcos Peña en una de esas sesiones parlamentarias a que están obligados periódicamente los jefes de Gabinete.

El debate es impedido por los miles de requerimientos acumulados desde las bancadas y la restricción a repreguntar (mecanismo análogo al de las audiencias públicas cuando los aumentos de tarifas: en días de semana y en horario laboral, se habla y denuncia pero marche preso).

Lo saliente no es siquiera esa portada de republicanismo sino el hecho de que los macristas, como sintetizó Sandra Russo en una contratapa reciente de este diario, son una grabación. Polemizar con ellos, o encontrarles algún concepto de cierta miga profunda, es completamente inútil. Y por eso, cuando provoca un Melconian, un Espert, desde ya que una Carrió o trogloditas diversos, debe prestárseles atención no (tanto) por la seriedad de lo que dicen sino por lo que expresa políticamente su nerviosismo.

Por ahora, y vaya a saberse cuánto puede perdurar, el Gobierno confía en esa oposición política que no hay. La que podría hacerse un picnic. Pero la dirigencia política está quedando muy atrás de la oposición social y no le será fácil continuar ignorándola.

La orgánica de la CGT se desvencija a favor de sus franjas más combativas, cuyas regionales ya se pronunciaron mediante un programa de plan de lucha en el Frente Sindical para el Modelo Nacional. Confluyen ahí vertientes de gremios como el Smata, que a su vez articulan con la Federación Argentina de Municipios y jefes comunales como los de San Martín, Hurlingham, Lomas de Zamora, Almirante Brown, Escobar, quienes llaman a no pagar el tarifazo del gas. La Marcha Federal por la Salud generó una movilización notable. Avanza la organización de manifestaciones sectoriales ampliadas. No hay descanso en la calle. Se mueve cada día más gente.

Quien quiera oír, que oiga. Los sordos y los cómplices, que son lo mismo y entre otras actitudes, votarán el Presupuesto del FMI y persistirán en ser el opoficialismo que la derecha    necesita como variante de salida al desquicio  macrista.

Y lo necesita urgente.