por Gustavo Rosa –

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne consideró que Macri es “un piloto de tormentas muy valiente”. Tanto que es capaz de navegar en las tempestades que él mismo fabrica. Mauricio será muy valiente, pero los números sugieren que no es un experto. Además, cualquiera ostenta valor cuando los perjudicados son otros; cualquiera se arriesga cuando las pérdidas son ajenas. A medida que nos acercamos al prefabricado abismo, los amarillos prueban generar confianza apelando a un variado catálogo de zonzas metáforas destinadas a fanáticos, crédulos y voluntarios. Total, cuentan con la parafernalia mediática para blindar, distraer y confundir y con la brigada judicial para hacer de los Tribunales mazmorras inquisitorias que convierten en delito cualquier recorrido diferente al iniciado casi tres años atrás.

El Cambio es un combo que se torna cada vez más indigesto, que se refuerza a pesar del vaciamiento que está provocando en la economía, tanto en la macro como en la micro.  A casi un año de las elecciones presidenciales, muchos se preguntan cómo administrar el país conla pesada herencia de verdad que Macri y sus secuaces van a dejar. La obsesión por el déficit hace que los amarillos se despreocupen por el resto de las variables, que son las que están provocando los mayores estragos. De acuerdo a los informes del FMI, el 80 por ciento de los países tiene déficit y eso no impide el crecimiento: los miembros del G7 y del G20 conviven con ese índice que tanto desvela al Ingeniero.

Tanto, que parece una excusa. Una más de las tantas patrañas que recitan a diario. Con el verso de bajar el déficit, aplican recortes hasta en las áreas más sensibles, como salud y educación. O lo más cruel, como las pensiones por discapacidad. O las jubilaciones, que están en la mira, primero para succionarlas hasta convertirlas en limosnas y después, para devolver el botín al establishment angurriento con forma de sistema previsional privado. Todo lo que hacen es para eso: para que la privatización del país sea la única salida.

Si no es así, será porque son muy brutos. Ellos insisten con que bajar el déficit sirve para no endeudarnos, pero desde el primer día operaron para que la toma de deuda sea inevitable. Y mientras suplican créditos, pontifican sobre lo bueno que es vivir sin deudas. Claro, será porque los acreedores golpearán nuestras puertas mientras a Ellos les dedicarán unas simpáticas palmadas y los premiarán en foros empresariales. El Congreso –en donde están nuestros representantes- en lugar de sumarse al circo del desafuero o a la pantomima del presupuesto, debería rechazar el acuerdo con el FMI y considerar ilegítimas las multimillonarias cifras que alimentaron la timba financiera. Sólo así se podrá encarar el año electoral, con la tranquilidad de que no tendremos que pagar las facturas de los que se enriquecieron con la especulación.

Fanáticos del ajuste

La treta que está utilizando el oficialismo es naturalizar lo que provocó. Inflación, desempleo, precarización, recesión, devaluación son presentados como fatalidades divinas. Si la Capital tiene 41 mil indigentes más que el trimestre anterior será por una epidemia. Si la pobreza sube en lugar de bajar será por malos vientos. Si la canasta de alimentos se incrementó más de un 120 por ciento será por la sequía. Según Ellos, todo ocurre por mala suerte. “Pasaron cosas”, se excusó Macri, una frase que pasará a la Historia por su desborde de cinismo.

Ante la desesperación de los que no pueden poner algo en la mesa, el ministro Dujovne intenta superar a su jefe al pedir “a la gente que tenga paciencia”. Resignado, confirmó  que “estamos atravesando una recesión”. En lugar de tomar medidas para revertirla, la califica como“inevitable”. Mentira: nada que se pueda evitar es inevitable. Si siguen ajustando para sostener la especulación financiera, que no derrama nada, la caída será más abrupta. En lugar de tomar decisiones anti cíclicas, se dejan llevar por el vendaval que ellos mismos desataron.

mbarrado en el juego de la naturalización, Dujovne aclaró que “no está previsto un bono de fin de año para los jubilados porque el presupuesto no es infinito”. Claro que no, pero se puede distribuir de otra manera. En lugar de considerar esto, el ministro se escudó en su hipocresía: “no es que seamos insensibles pero hay prioridades y tenemos que ir viendo, paso a paso”. Si fueran sensibles, establecerían las prioridades de otra manera. Un gobierno democrático está para facilitar la vida de la mayoría, no para multiplicar las ganancias de una minoría que no necesita nada.

En sintonía con todo esto, las usinas mediáticas militan el ajuste aunque tengan que inundar de estiércol las cabezas del público cautivo. Como amortiguación de los tiempos por venir, nos enseñan a vestir a la moda con ropa usada, a comer cada vez menos, a vacacionar en nuestro barrio, a ahorrar en transporte con una buena caminata, a preparar un sándwich con fideos de ayer y a disfrazar el pan viejo de recién horneado. Cómplices del saqueo, nos dan lecciones de supervivencia en una inhóspita jungla fabricada desde La Rosada SA.

Y para evitar que el deterioro fisure el ideario dominante, los voceros del establishment no paran de hablar del gobierno anterior. La discusión política se vuelve un cacaero en las pantallas y relatan los atropellos judiciales como si fueran apasionantes partidos de fútbol. No sea cosa que algún vecino active un par de neuronas y descubra “lo bien que estábamos cuando los K nos robaban todo”O peor, que advierta que los que nos han robado siempre son los que sentaron a Macri en el sillón presidencial, esos que acumulan casi 300 mil millones de dólares en el exterior.

La veracidad de las acusaciones y la legalidad de los procedimientos no importan tanto como la satisfacción de estar castigando la osadía de distribuir mejor. Por eso los monigotes mediáticos se indignan porque Cristina no va presa; por eso los legisladores oficialistas estánpresionando para el desafuero; por eso la diputada Carrió destila su veneno y amenaza a todos los que se opongan a una condena exprés para la ex presidenta. Esa es la imagen que les falta para someter al lado bueno de la Grieta. Si piensan que con CFK tras las rejas lograrán enterrar para siempre el sueño de un país más justo, las calles están sosteniendo lo contrario. Lo único que obtienen es que se sean cada vez más los que piden a gritos el fin de esta pesadilla.