por Mariano Collado –

Nuestra suerte está atada al capricho de los gigantes, y hoy, esos gigantes se agitan ansiosos, llenos de nerviosismo, preocupados por asegurarse el alimento de mañana. Estamos parados en la cima del volcán, en el peak oil de la curva de Hubbert. La maquinaria de guerra y dominación es adicta al petróleo; sin él es pura chatarra.

El capricho del imperio es sembrar muerte y destrucción, despoblar el planeta, acaparar los recursos vitales. No tiene tiempo que perder, debe conseguirlo antes de que su maquinaria se convierta en chatarra. América Latina es el cuerno de la abundancia, hasta su contorno así lo prefigura. No hace falta ser un genio para ver que somos la presa de caza preferida del águila imperial: cercana, indefensa, nutritiva… Ay de los que se dicen progres y no defienden a capa y espada la valerosa cruzada chavista! Chávez supo mirar fuera de la caverna, más allá de nuestras narices.

Qué otras evidencias necesitan nuestros políticos de la oposición real para darse cuenta de que no bastarán los métodos de la vieja política para hacer frente a lo que nos tocará vivir. El imperio no cederá terreno mediante las urnas, como podremos comprobar dentro de poco tiempo en el caso de Brasil. No en vano perpetraron un golpe de Estado para derrocar al PT.
A nuestro país le espera la misma suerte. La democracia está muerta, qué duda cabe.
Despertar y movilizar al pueblo es la única salida a la vista.