por Diego Colao –

Al analizar el perfil anti-industrialista de la política de Macri, el historiador Felipe Pigna dijo que “estamos siempre en un punto estático, porque no se habla de convertir materia prima a manufactura, por ejemplo, como aconsejaba Belgrano”. Además, definió al actual gobierno como “conservador, con parámetros y valores del conservadurismo clásico argentino”.+

a Felipe Pigna, en la derecha conservadora argentina, como la que adscribe Mauricio Macri, “los valores son siempre los mismos: un antiobrerismo, un antiindustrialismo, una propensión al modelo agroexportador, al modelo de renta financiera, y una gran desconfianza a todo lo que tenga que ver con la industria y lo urbano-industrial”.

El historiador y escritor explicó en esta entrevista que con este gobierno “estamos siempre en un punto estático, porque no estamos hablando de convertir materia prima a manufactura, por ejemplo, que es lo que aconsejaba Manuel Belgrano en 1796”, y quien decía por ejemplo “no exportemos cuero, exportemos zapatos”.

Pigna abrirá este jueves 15 de junio, a las 19, el ciclo de escritores “Invierno Planeta” en el museo de Bellas Artes de la ciudad de Neuquén, donde expondrá sobre las lecturas de los próceres de la Revolución de Mayo, bajo el título “Qué leían Moreno, Belgrano y San Martín”.

-¿Con qué época o tipo de gobiernos a lo largo de la historia puede compararse el de Mauricio Macri?

-Es una típica reacción conservadora, es un gobierno conservador y con parámetros y valores del conservadurismo clásico argentino. Por ese lado hay muchos antecedentes, y por otro lado adscribe en términos más o menos generales al neoliberalismo. Hay una conexión muy clara con los ’90, y después estos valores restauratorios que uno puede observar en el ’30, en el ’55, en el ’66, en el ’76. con la clara diferencia de que llega al gobierno democráticamente.

-¿Qué rasgos nuevos ve en esta derecha conservadora?

-Mucho nuevo no se advierte. Lo que hace la derecha conservadora es actualizarse en torno al menú del momento, pero los valores son siempre los mismos. Un antiobrerismo, un antiindustrialismo, una propensión al modelo agroexportador, al modelo de renta financiero, una gran desconfianza a todo lo que tenga que ver con la industria y lo urbano-industrial, que es la cara del conservadurismo liberal argentino. Y eso se reitera. Cuando uno ve los modelos, hay un pánico a la industria que tanto mal nos hizo en la generación del ‘80, donde evidentemente se insistía en un modelo arcaico agroexportador. Cuando los países emergentes como Estados Unidos estaban apuntando a un campo tecnificado y a un campo que promovía la industrialización, acá aparecía como antagónico: o se desarrollaba el campo o se desarrollaba la industria. La gran diferencia con Estados Unidos es el modelo de distribución de la tierra, porque en la expansión al oeste, que es el equivalente a nuestra conquista del desierto, la distribución de la tierra se hizo con un máximo de 25 hectáreas por familia, lo que hizo que estos pequeños productores conocidos como “farmers” tengan que explotar intensivamente el campo, y no extensivamente. Y esa explotación intensiva llevó a la tecnificación y llevó a la industria. La industria en los Estados Unidos es hija del campo, está estrechamente vinculada al campo y por eso tienen un modelo agroindustrial, mientras que el nuestro es agropecuario exportador, que es una diferencia sustancial.

-Es lo que estaría repitiendo el presidente cuando habla del “supermercado del mundo”.

-Exactamente, ese “supermercado del mundo” antes se llamaba “el granero del mundo”, estamos siempre en un punto estático. Porque no estamos hablando de convertir materia prima a manufactura, por ejemplo, que es lo que aconsejaba Manuel Belgrano en 1796. Él decía que los países civilizados se cuidan de no exportar materia prima sin antes transformarla localmente, porque de lo contrario crean desocupación en el país de origen y ocupación en el país comprador. Y y terminaba diciendo no exportemos cuero, exportemos zapatos. Esa es una máxima de oro que tiene más de 200 años y la decía con toda lucidez nuestro primer economista, que fue Manuel Belgrano.

-¿Qué opina sobre lo que le dijo Mauricio Macri al rey de España de que los próceres, “deberían tener angustia de tomar la decisión de separarse de España”?

-En principio es una expresión de profunda ignorancia histórica, porque si hay algo que no hubo en Tucumán fue angustia. Hubo esa noche una gran celebración, un gran baile, hubo un manifiesto de agravio que empezó a escribirse el mismo día del Acta de Independencia y se publicó el año siguiente como un complemento del acta de Tucumán, donde se habla de todo lo que nos hizo España, y de por qué nos estábamos independizando. Son más de 20 páginas de los agravios cometidos por la conquista española. No hay en absoluto angustia, hay mucha bronca y mucho para decir en contra de España. Pero además (lo que expresó Macri) fue dicho en presencia del rey de España, que fue una especie de burla para los pueblos originarios, para la propia América. Porque no hubo un sólo invitado americano, ningún presidente, ningún representate de las comunidades indígenas, sino el rey de España. Uno de los reyes más corruptos de la historia de España, acusado él y su familia de innumerables casos de corrupción. Así que, la verdad, avergüenza.

-¿Cree que “la grieta” es algo continuo en la historia argentina?

-Si, por supuesto. No tiene nada de malo la grieta, es natural a todos los países y todos tienen su grieta y se han conformado en base a eso. No me gusta el término grieta, es más académico hablar de diferencias y de posiciones diversas. La grieta es una palabra muy pobre, no dice nada, expone una fosa o algo imposible de conciliar o de dialogar, y no creo que haya sido así en la historia argentina. Las diferencias fuertes marcan a los pueblos y los constituyen. De lo contrario, lo que hay es un discurso único que es ni más ni menos que el fascismo, no es lo que tiene que ver con la realidad histórica ni con el derecho histórico en la Argentina. No ha sido así, ha habido permanentes diálogos y gestos de grandeza en medio de enfrentamientos tremendos que hemos tenido en la historia argentina. Acercamientos entre personajes irreconciliables, como por ejemplo Alberdi y Rosas cuando se conocen en Londres. Alberdi era uno de los más grandes enemigos de Rosas, había escrito un diario en Montevideo llamado “Muera Rosas” y había sido tremendamente perseguido por Rosas. Y en Londres se conocen, y Alberdi, que era una persona extraordinariamente digna, no por conveniencia sino porque entiende que se está cometiendo una injusticia, le dice a Rosas que viene pensando muchas cosas en contra de él pero le parece que el juicio en ausencia que se está sustanciando es una injusticia, y se ofrece a escribir una memoria histórica en su defensa. Lo cual es notable, se cuenta poco, ocurrió en 1857. Es una de las tantas cosas que podríamos mencionar donde no existe esa grieta de alguna manera irreparable, que no tiene punto de contacto en algún momento. Pensemos en el abrazo de Perón y Balbín. Balbín había estado preso de Perón y a la vez había participado de la Revolución Libertadora. Ese encuentro entre ellos habla también de que hay otras instancias, no solamente de lo irreconciliable que lleva a un punto de no diálogo y a no ocuparse del tema. La historia tiene más grises, tiene momentos de encuentros y de rupturas, no es una cosa permanente como se la plantea con mucha ignorancia, pero con una ignorancia funcional, con una intención.

-¿Cree que Cristina Kirchner encarna ese odio antiperonista que encarnaba Evita?

-Si, hay dos elementos ahí. Uno el hecho de ser mujer. Cierto tipo de mujeres no le perdonan a otra mujer sobresalir demasiado y tener ciertas condiciones. Quizás las más duras con las mujeres son las mismas mujeres. Escribí un libro que se llama “Mujeres tenían que ser” donde trabajé mucho el tema de género y está claro que la mujer tiene la mayoría de los elementos de superioridad sobre el hombre, más inteligencia, más coraje, más astucia. Pero hay un punto débil de la mujer, que es otra mujer. La aparición de otra mujer en escena complica la claridad y la inteligencia de la mujer por momentos, y esas cuestiones se ponen en juego cuando hay una mujer excesivamente protagónica y empiezan los descalificativos, que no tienen que ver con lo racional. Independientemente de que se le pueden hacer muchas críticas a Cristina desde lo racional, pero ya entran a jugar otros factores también. Y se recurrió a la tradición antiperonista clásica, porque son los mismos términos, los mismos chistes y descalificaciones, y es una pena porque le quita seriedad a un debate necesario, a la crítica necesaria que hay que hacerle al kirchnerismo, y en cambio se cae en una crítica más formal. Cuando la crítica pasa más a lo formal que a lo de fondo, abarata mucho el debate político, que es un poco lo que uno ve en los programas de televisión llamados políticos, donde no se habla nunca de política sino de carpetas, de situaciones personales, de rivalidades, de egos.

-¿Cómo va a ser la charla que va a dar en Neuquén sobre las lecturas de San Martín, Belgrano, y Moreno?

-Vamos a partir de algo bastante llano, que es que el pensamiento precede a la acción. Le guste a quién le guste, siempre el pensamiento precede a la acción, sobre todo con gente tan pensante como la que estamos hablando. Por lo tanto, es muy importante reconocer en las acciones de estos hombres cuánto influyeron sus lecturas. Y es sustancial porque estamos hablando de tres lectores apasionados, con muchas cosas en común, por ejemplo la pasión por la lectura política, la filosofía, los ensayos, pero también la literatura y la pasión por la educación pública. Fueron tres fervientes promotores y defensores de la educación pública y gratuita, fundamentalmente Belgrano, pero también Moreno y San Martín, grandes fundadores de bibliotecas y promotores de las bibliotecas de las escuelas públicas. Son gente con un enfoque muy humanista, muy social, con empatía para preocuparse por el otro. Lo que hacemos en la charla es recorrer la biblioteca de cada uno, hablar de la dificultad de la lectura en el momento que les tocó vivir. La dificultad de la Inquisición hasta 1810, y un poco más, la dificultad de acceder a un libro, tanto por lo prohibido como por lo caro y el valor del libro. San Martín es un fundador compulsivo de bibliotecas públicas, por donde pasa funda una biblioteca, por lo general donando su bilblioteca personal. Entonces en las recompras te das cuenta de su pasión. Los libros que luego de donar los recompra para tenerlos, como El Contrato Social de Rousseau, La Enciclopedia Filosófica de Voltaire, El Quijote de la Mancha, que es un libro que lo apasiona. Cosas que incluso aplica en su mandato en Mendoza, cuando habla de la Ínsula Cuyana, haciendo una clara referencia a la Ínsula Barataria de Sancho Panza. Es todo un decir sobre qué modelo de político se piensa, de un hombre sin experiencia previa en el gobierno pero un hombre tremendamente honesto y justo como lo fue Sancho Panza en esa semana de gobierno, en esa imaginaria isla en medio de La Mancha.

Fuente y foto: Va Con Firma